Vividores (¿o bebedores?) blanquiazules. Juan A. Velarde



Vividores (¿o bebedores?) blanquiazules


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Sergio Aragoneses; Juanlu Hens, Pablo Sicilia, Ezequiel Luna, Beranger; Antonio Hidalgo, Kitoko; Natalio, Julio Álvarez, Dubarbier y Nino. También jugaron Omar, Kome e Igor. Estos 14 futbolistas de la plantilla del CD Tenerife están en el ojo de huracán ante la más que hipotética salida nocturna los pasados viernes 4 y sábado 5 de marzo al Carnaval chicharrero. La denuncia, aunque sin dar nombres, la hizo en Radio Club Tenerife el ex futbolista Juan Carlos Hernández, El Gomero, quien literalmente destacó que varios jugadores alineados con Tapia para el partido frente al Barcelona B debían haber sido excluidos de la convocatoria directamente por un acto de indisciplina.

Lo cierto es que el mensaje lanzado por Hernández fue inmediatamente corroborado por otros oyentes que, rápidamente, se pusieron en contacto con la emisora para respaldar esta acusación. Lo curioso del caso es que todo el mundo en la isla conoce estos hechos y otros similares, pero los dirigentes del Club Deportivo Tenerife pasan olímpicamente de todo, como si en la entidad fuesen inmunes a estos comentarios.

Las palabras de Juan Carlos Hernández encierran, además, un hecho más grave puesto que se da a entender que no solamente bajaron a la fiesta, sino que alguno subió más perjudicado de lo que ya había bajado a la zona del cuadrilátero carnavalero. Independientemente del resultado del lunes, lo que sí es verdad es que la irresponsabilidad campa a sus anchas en el vestuario y en el Callejón del Combate. Es La casa de los líos rediviva, pero ni Miguel Concepción es Arturo Fernández, ni tampoco creo que esté para canear a nadie, haciendo bueno el apelativo de Pachorra Man.

De todas maneras, tampoco hay que escandalizarse en demasía por un episodio más de juerga nocturna. Si es que en la historia contemporánea del CD Tenerife las deserciones en las concentraciones eran moneda de uso común. Cuando el poder del malogrado Javier Pérez y Pérez llegaba a todas las redacciones de Tenerife, no había voz que se levantase en contra de las correrías de Ojeda y el clan argentino del once blanquiazul. Las trompadas del guardamete en El Granero eran de órdago a la grande, pero entonces el pacto entre medios de comunicación y club era el de mantener un más que sospechoso silencio. Era la época de vinos y rosas, de viajar por Europa y era necesario estar a bien con ‘Perezone’, no fuera a ser que te quedases sin respaldo del club cuando hubiese que hacer coberturas en Alemania, Francia, Dinamarca o Italia.

Por supuesto, superada la era del miedo a informar, ahora estos hechos no se tapan. También es verdad que la expansión de la multimedia nos permite que lleguen hasta nuestro teléfono fotos incalculables de la juerga del Natalio de turno o las bravuconadas de Kome y eso hace también que las radios, las televisiones o los periódicos no puedan ocultar los hechos. De todas maneras, hubiese estado ideal que Hernández diese nombre por nombre la identidad de los insurrectos blanquiazules, de esta panda de holgazanes, caraduras y vividores que merecerían llevar por patrocinador en su camiseta a Ron Cocal, Cerveza Dorada o Vino Tenderete (ideal para sobrellevar a un Tenerife en Segunda B).