Vagancia policial y telefónica. Juan A. Velarde



 


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Vagancia policial y telefónica


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Si usted reside en Santa Cruz de Tenerife y, por avatares de la vida, tiene que recurrir a los servicios de la Policía Local, que Dios le coja confesado como al otro lado del teléfono esté una paniaguada funcionaria o como demontres se le pueda definir a la susodicha. Concretamente, me refiero a una señora que estaba en la centralita el pasado viernes 22 de abril, alrededor de las 11 de la noche, y que, cuando se solicitó que enviaran una unidad para evitar que cuatro jovenzuelos siguieran molestando con las tablas de patinar, no tuvo mejor salida que decir que todos los agentes estaban de servicio porque había muchas procesiones y, por tanto, no podía acudir ninguno en ese momento.

Ante esta sesuda respuesta, se me ocurre la siguiente reflexión. A ver, Viernes Santo por la noche, llamas a la Policía Local y no puede venir ni un triste agente motorizado porque todos están controlando el tráfico por donde transitan las procesiones. Es decir, según esta argumentación, ¿no había nadie en la comisaría de Tres de Mayo? ¿Es posible, entonces, que cuatro chorizos perfectamente organizados vayan a la propia sede policial a mangonear abiertamente lo que se les antoje, incluso torturar a la inepta de la telefonista que se descuelga con una contestación de ese calado? ¿O tal vez podemos atracar la gasolinera que está al lado de la comisaría? Según esta incompetente, no había nadie en las dependencias.

Evidentemente, son muchos años conociendo la vagancia congénita de un cuerpo que está manejado por el mayor incompetente que ha conocido la ciudad, Hilario Rodríguez. Si este personaje, capaz de amenazar delante de las cámaras, es quien tiene que dar ejemplo, no me extraña que los mandos que él ha nombrado a golpe de dedo o de purazo pringoso, barato y maloliente sean aún más ineptos que el concejal y, claro está, acaban poniendo como enlace con los ciudadanos, que somos los que pagamos a estos funcionarios, a una impresentable de marca mayor, incapaz de discernir que ella se debe a los contribuyentes y no al revés.

Desgraciadamente, lo que pasa en Santa Cruz de Tenerife es una muestra más del despilfarro que hay en torno a esos cuerpos de seguridad locales. En muchas ocasiones están demasiado inflados (en número y en prominentes barrigas) y su nivel de incompetencia es directamente proporcional al jugoso sueldo que se embolsan a final de mes por tocarse las narices y, de paso, tocárnosla a nosotros con su ineptitud. Algún día habrá alguna desgracia y no habrá agente que la evite porque la inútil de la centralita de Tres de Mayo, teléfono 922 606092 estará cumpliendo la misión de decir que no hay unidades disponibles. 








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