Un buen acuerdo, una gran noticia. Carmelo Jorge Delgado


Un buen acuerdo, una gran noticia.
Carmelo Jorge Delgado


 


Carmelo Jorge Delgado

Secretario de Economía y Políticas Sectoriales
CCOO Canaria

 

Al final, el proceso de dialogo social, retomado después de los cambios producidos en la dirección confederal de la patronal y en el ministerio de trabajo, ha culminado con un acuerdo económico y social que supone un punto de inflexión en la gestión de la crisis económica que ha realizado la sociedad española. 

En efecto frente a la crisis financiera internacional y la brusca explosión de nuestra burbuja inmobiliaria, que había sostenido el espectacular crecimiento anterior, la sociedad española, sus instituciones democráticas, sus gobernantes y sus agentes sociales, reaccionamos tarde y mal. Claro que no todos con el mismo grado de responsabilidad, pero lo cierto es que unos por incapacidad para verlo, otros por el interés en ocultarlo, y otros por la incapacidad para hacerlo ver, entre todos, hemos contribuido para acumular los errores que nos han traído hasta aquí. Resulta insultante para la inteligencia de los ciudadanos pretender que estamos en esta situación sin haber errado o que la culpa de los errores es de todos, menos nuestra. 

Los primeros meses de crisis financiera internacional los pasamos discutiendo si eran galgos o podencos, si era una verdadera crisis o una suave desaceleración. Visto desde ahora es obvio que manteníamos ese surrealista debate, mientras estábamos en caída libre y aunque sus efectos más brutales no habían aparecido, lo cierto es que los márgenes de beneficio ya habían desaparecido y los contratos temporales que vencían ya no se renovaban. 

Luego estuvimos durante meses afrontando la crisis con políticas keynesianas de incremento de gasto público que, sin el recurso de la devaluación monetaria para financiarlo, se demostraron suicidas. Personalmente, creo que la adopción de políticas de inversión pública en situaciones como esta, es una solución mejor que las alternativas conservadoras de reducir los impuestos y la protección social. En mi opinión, son mas eficientes para reactivar antes la economía y para paliar los efectos sociales de las etapas de crisis, además de mas justas y equilibradas a la hora de repartir sus cargas. 

Pero la política de incrementar los gastos mientras se reducen los ingresos, genera una deuda que hay que financiar, bien mediante la exportación de bienes y servicios o bien mediante el recurso del crédito, generando ese concepto tan de moda que es la deuda soberana. Nuestro país como es notorio tiene un déficit notable de la balanza de pagos es decir una diferencia considerable entre lo que importa y lo que exporta y no contamos con el recurso de devaluar la moneda para aumentar las exportaciones. 

Por lo tanto las políticas de expansión del gasto o se toman en el seno de la Unión Europea o se hacen insostenibles en el marco de las políticas estatales y mas rápidamente insostenibles, cuanto menor sea la capacidad exportadora del estado en cuestión. 

De esta manera llegamos a mediados de 2010 cuando agobiado por la dificultad creciente para colocar la deuda soberana en los mercado, el gobierno tiró  por la calle del medio y entró a saco en una política de recortes sociales que le ha enfrentado a la mayoría social y le ha generado el mayor desgaste político que ha conocido ningún gobierno de la democracia exceptuando quizás el último gobierno de Suárez. 

Redujeron el salario de los empleados públicos, la inversión estatal y la financiación autonómica y municipal, impulsaron una reforma laboral confusa que solo ha generado inseguridad y temporalidad además de un conflicto social pendiente de cerrar. Dinamitado el dialogo social y retirada la prestación destinada a evitar la exclusión social de centenares de miles de personas, ahora amenazaban con reformar unilateralmente el sistema público de pensiones, la negociación colectiva y la política energética. 

Hemos pasado de la duda al error y del error a la imposición y al conflicto social. En el proceso nos hemos colocado en una situación en la que tenemos dificultades para afrontar la financiación de nuestro gasto corriente, cuatro millones largos de parados y graves problemas de formación de capital humano. 

Ese es el contexto en el que hemos afrontado esta negociación y en ese contexto, la negociación ha conseguido limar los aspectos mas regresivos de la reforma de las pensiones, propuesta por el gobierno y equilibrar sus efectos sobre los distintos colectivos y realidades que conviven en el seno del sistema público de pensiones, hemos rescatado la prestación de cuatrocientos euros para las personas sin derecho a otras prestaciones, hemos puesto a salvo los aspectos esenciales de la negociación colectiva, desviando además el foco desde las pretensiones asilvestradas de la patronal y los expertos a sueldo del ultraliberalismo, en torno a la vigencia y efectividad de los convenios colectivos, hasta las posibilidades ciertas que, una reforma seria de la negociación colectiva. puede abrir en la competitividad de las empresas españolas. 

Pero además de los contenidos concretos, lo cierto es que este acuerdo devuelve a patronal y sindicatos, al centro de las relaciones laborales y deja como responsabilidad compartida entre ambos, encontrar una fórmula de reforma de la negociación colectiva. La recuperación del dialogo social, del camino del entendimiento es probablemente la mejor noticia que podría recibir la sociedad española tanto desde el punto de vista del sentimiento colectivo abrumado por tanta calamidad como de la fiabilidad como nación ante el exterior. 

En economía, existen intangibles como la confianza, la seguridad, que son imposibles de objetivar, pero que tienen una influencia decisiva que se incrementa exponencialmente en etapas de crisis. Los agentes sociales, las instituciones democráticas, los partidos políticos, mantenemos una deuda con la sociedad española, porque la mejor defensa contra los ataques especulativos contra nuestra deuda, el mejor antídoto contra la erosión de la confianza del dinero en la sociedad española, está en el acuerdo colectivo, en el pacto entre todos para afrontar la situación. En este terreno la firma de este acuerdo sobre pensiones, negociación colectiva, políticas activas de empleo y política industrial es un paso importante y para decirlo en términos de lógica académica, es una condición necesaria pero no suficiente. 

Porque siendo un buen acuerdo, siendo una magnifica noticia, no bastará con este acuerdo, para salir de la crisis ni para abandonar definitivamente el borde del abismo de la financiación de la deuda. Para empezar ya deberían incluirse en el texto reformas igual de decisivas para afrontar la situación como la reforma fiscal o la reforma de las administraciones públicas. 

Pero además necesitamos abordar con urgencias reformas en el sistema educativo, en el sistema sanitario público, en el modelo productivo, en la política energética, en los servicios públicos de empleo. En definitiva, una gran cantidad de reformas estructurales que deben permitir básicamente, la evolución desde un modelo de competitividad basado en los precios, hacía un modelo más centrado en la calidad y la innovación. 

Ese es el camino del que pretendieron excluir al sindicalismo y a los trabajadores y trabajadoras de este país, los que dentro y fuera del gobierno pretendieron imponer sus recortes a la mayoría social. Ellos son los grandes derrotados de este acuerdo, contra ellos se manifestó clara y rotundamente la sociedad española el 29 S, pero ni han desaparecido ni están desarmados, volverán a la carga porque en estos momentos la disyuntiva no es si necesitamos o no las reformas, ese debate nos lo ha resuelto brusca y súbitamente la crisis económica, la diferencia está entre hacer las reformas hacía adelante, mejorando la cohesión social y territorial de España, o volver al pasado desregulado y salvaje que algunos nos venden como el futuro.