Salí a buscar un ÁNGEL y me topé con un OVNI. Carlos J. Álvarez

 

  

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Salí a buscar un ÁNGEL y me topé con un OVNI  
 
 

      Desde hace tiempo, no pasa una semana en que no llegue a mi correo una reseña informativa hablando de ovnis: Platillos volantes, objetos con forma de cigarro, pirámide o disco, esferas luminosas, hombrecillos de las Pléyades o de Andrómeda…; y recordé una pasión que tuve cuando al final de mi niñez me dispuse a hallar respuestas al enigma de la madurez coleccionando casos de ovnis. En aquella época en que desautoricé a mi padre como dios, busqué autoridades en el cielo del Padre confiando en soluciones luminosas a mi oscura confusión, y ahora entiendo porqué.  
 

      Desde que somos homo sapiens-sapiens, hemos buscado un orden entre el cielo y la tierra. El hombre paleolítico temió la ferocidad de la tierra como el furor del cielo; y bajo las inclemencias del desierto el Egipto de los faraones suplicó a Ra, el dios solar, como lejos de allí el pueblo judío suplicó a Yahvé librarse de su cautiverio en Babilonia. De la misma forma, cuando el cielo para los griegos fue insoportable en manos de Urano, Cronos lo emasculó, esto es, cortó la unión de la tierra Gea con el cielo, creando una Edad de Oro que en Roma se conoció como las saturnales y cuyos ritos de la cosecha suponían un retorno a la tierra.

     Del cielo esperamos el final de la tormenta y la esperanza del nuevo día, las señales de los meteoros y las luces divinas y el vuelo de las aves oráculos que advertían de asesinatos, pestes, duración de los viajes…  de alguna manera, cuando estamos bien nuestra mirada se vuelve horizontal y se pierde en el disfrute de la tierra, pero cuando la tierra falla y no provee, cuando se vuelve una ciénaga donde solo cabe el naufragio, elevamos los brazos al cielo para lanzar nuestras súplicas auspiciados por nuestros terrores. Fue así cuando en el cautiverio de Babilonia, el profeta Ezequiel tuvo una visión de una mujer en un carro de fuego y luz; en la India el Ramayana habla de vehículos de los dioses, carros de fuego, discos solares, nubes de fuego…; y en América del Sur, por poner un ejemplo, la cultura Mapuche habla de seres capaces de transformarse en luz.

      En el año 1947, Kenneth Arnold realizó el primer avistamiento oficial de un OVNI (Objeto Volador No Identificado) en la modernidad, justo al terminar la tragedia de la 2ª Guerra Mundial. Desde ese momento se vivió una crecida de encuentros misteriosos con naves o/y seres extraños, que fue avivada tanto por los medios de información como por el incidente de la base militar de Roswell, que en un principio declaró que en sus instalaciones se había estrellado un platillo volante con hombrecillos y que más tarde desmintió. Desde entonces, dichos medios de información y numerosos testigos de avistamientos no dudan al declarar haber visto platillos volantes, declaraciones que por el contrario nos hacen dudar en cuanto nos enteramos que la designación platillo volante se extendió por el mundo debido a un error, ya que proviene de una confusión en la declaración inicial de Kenneth Arnold, el cual habló en realidad de unos objetos que volaban como discos que rebotaban en el agua.

      Más allá del sarcasmo que supone el que los más dogmáticos defensores de la causa ovni vean algo que los medios de información afirmaron por error, lo que no parece prescindible es esa necesidad de dar trascendencia a objetos desconocidos y misteriosos que pululan por el cielo, en cuanto desconocemos su naturaleza. Por supuesto debemos aclarar que a partir de los años cincuenta, la práctica de nuevos ingenios voladores junto al auge de la fabricación de aviones y aeronaves espaciales, supuso una incorporación de nuevos elementos a un cielo que, hasta entonces, jamás se había dado en la historia de la humanidad. Es cierto que desde el Renacimiento y de forma lenta, el cielo adquiría profundidad e iba incorporando elementos celestes al imaginario colectivo racional, pero en lo profundo de la psique colectiva, seguía siendo, hasta la llegada de los ovnis, lugar encuentro de ángeles, dioses, batallas celestiales o apariciones marianas. Y cuando nuevas fuerzas inexplicables para el pueblo empiezan a habitar el cielo, tan sólo podemos imaginar leyendas o fábulas, o bien hacer lo que hemos hecho en el caso de los ovnis, esto es, añadir a lo que ya sabíamos los nuevos elementos que la ciencia incorpora.

  Por supuesto que el testigo de un ovni no espera ver ángeles del cielo, pero sí creo que la confianza en ellos y la creencia casi unánime de la población mundial en la vida extraterrestre, creo que dista mucho de la posibilidad lógica de su existencia real.  

      Educados como aún estamos en la pedagogía del Apocalipsis, cualquier aviso o presencia asociada a la desesperación se esperaba como castigo o aviso del cielo. Ante un hecho aéreo inexplicable, la explicación que teníamos antes de la era tecnológica era de naturaleza celestial, pero desde que la tecnología puebla los cielos y los medios de información nos seducen con la vida extraterrestre (o sea, celestial); los seres del cielo ahora deben poseer, además de una sabiduría superior, una tecnología superior. Así, la esperanza de salvación parece apuntar hacia la adoración de un dios cibernético. Existen visiones que describen a los seres de las naves como <<hombres altos y luminosos>> ¾no pasemos por alto el parecido con el concepto de respeto asociado a la altura o a la semejanza con los ángeles envueltos en luz¾, pero también al tipo <<muy pequeño y con una gran cabeza>> ¾imagen que parece evocar una gran inteligencia¾. En este sentido, no imaginamos un ovni sin luz como no podemos imaginar un ángel sin luz o una aparición mariana sin luz. Para que haya esperanza, el cielo y la luz han de nacer sinónimos. Por otro lado, los ángeles y los ovnis vienen a dar un mensaje, nos observan, esperan a mostrarse en el momento adecuado como dicen algunos, son más inteligentes y provienen del cielo profundo, podrían aplastarnos si quisieran a causa de nuestra maldad pero somos demasiado primitivos (moralmente para los ángeles, tecnológicamente para los ovnis).

     No hace falta un examen minucioso para comprobar la cantidad de elementos que hacen referencia a la tradición mágico-religiosa de occidente. Todos los avistamientos parecen impregnados de un tipo de aura o halo angelical. Además, no debemos olvidar que el razonamiento más recurrente para defender su procedencia de <<otro mundo>>, es la de que <<no podemos estar solos en el universo>>. ¡Qué casualidad que la centuria que más ovnis ha visto sea la que más ha temido la muerte de Dios anunciada por Nietzsche y Dostoievski en el siglo XIX! ¿No parece todo demasiado sospechoso a la vista de estos nuevos datos? Como añadido final recordaré el conocido tema de la abducción, según el cual una nave extraterrestre lleva al abducido a su interior y experimenta con él. Suele representarse como una luz que cae de la nave y te absorbe a su interior, trayendo a la vida del abducido cambios definitivos en su vida. Desde el profeta Isaías hasta la niña de Fátima existieron abducciones donde una voz luminosa tomaba posesión de ellos sin su consentimiento, porque Dios elige a voluntad el sitio y sin la voluntad de los poseídos. Por ello, cuando son ángeles benefactores los relacionamos con el cielo, y cuando son posesiones infernales se afirma que fueron conducidos a una parte de la nave donde fueron víctimas de experimentos. Todo esto explica el porqué los ufólogos y testigos contactados dicen que existen unos alienígenas buenos que velan por nosotros y otros malos que trabajan por nuestro cautiverio, como hay ángeles de Dios y hay ángeles del infierno.  
 

     La cosmogonía cristiana cae lentamente y no hay una nueva que la sustituya. Estamos en un interregno de religiones, en un período de germen mítico donde quizá los poetas empiecen a crear una mitología ufológica. La posibilidad de vida en otros planetas la escondemos como un hecho científico, pero en realidad oculta un deseo mucho más humano: el deseo de no sentirnos tan solos, el hecho de pensar de que debe haber algo más que esta sinrazón en la que sobre(mal)vivimos. 

     Desde siempre hemos esperado soluciones que vengan del cielo y desde siempre los dioses, los ángeles y las Vírgenes se han aparecido a unos pocos, elegidos u ocasionales (místicos o aldeanos) para comunicarles algo. Los seres vistos no poseen rasgos físicos definidos, ya que no esperamos eso de seres cuasi angelicales. Hay algo en todo el fenómeno ovni de Venida de algo nuevo, a la manera de una versión tecnológica de la Venida de un Salvador que nos rescate de este hastío y esta desesperanza en que vivimos.  

      Podemos decir, tal vez con mayor propiedad, que un OVNI es un Objeto que la Voluntad Necesita Integrar. No es mi intención abjurar de la sospecha de vida extraterrestre que sin duda nos traerán ciertos sucesos. Pero como fenómeno social, si es que alguna vez se ha producido esto, no debemos obviar estas pruebas añadidas y que proceden de los arcanos de nuestra psique, de ese mundo simbólico que a veces se expresa de diferentes formas aunque la esencia sea la misma. Los ovnis demuestran el momento de ausencia de respuestas del cielo. Dios calla y nosotros le llamamos. Llevamos como siglo y medio dudando seriamente de Dios. A cambio, hemos profundizado en el espacio y este se ha vuelto insondablemente profundo. Sus tres dimensiones explotan en misterios, dejando en suspensión nuestras teorías científicas más ateas. Podemos soportar un cielo plano y gritar Dios no existe. Pero que se abra infinitamente nos deja en tal estado de indefensión, nos deja tan diminutos frente al Todo que provoca no sólo a la razón, sino a esa curiosidad desaforada que procede del miedo a la insignificancia, del terror a una insoportable nada. 

 





Comentarios hacia esta página:
Comentado por Angelo Olivier( ), 02-05-2011, 22:36 (UTC):
Los OVNIS te han servido, brillante amigo, como pretexto para recordarnos el dilema al que se enfrenta el intelecto de nuestra especie: aceptarse huérfana de trascendencia o descubrir un Motivo para justificar esa "levedad del Ser". Buena aproximación antropológica a las creencias y mitos celestiales. Enhorabuena.

Comentado por:30-04-2011, 18:19 (UTC)
tenerifeweek
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