SOBRE VICTORIAS E INDEPENDENCIAS. Grissela Pérez









 

Vivo en Elgin, un suburbio de Chicago, en el estado de Illinois, EEUU. Pretendo contarte, desde aquí, esas pequeñas cosas que sorprenderían a cualquiera que se enfrente por primera vez con una cultura diferente a la suya. Espero que lo disfrutes.




 

 
SOBRE VICTORIAS E INDEPENDENCIAS




Todavía no me lo puedo creer. Lo anhelábamos tanto que se había convertido en el comentario último de nuestra conciencia –la individual y la colectiva- como un Pepito Grillo socarrón e insistente, siempre burlón y desolado. Pero ya se sabe eso de “tanto va el cántaro a la fuente…” que, al final, o mejor, en la final, el balón en lugar del cántaro se estrelló contra la red y el mundo cambió, avivándose el rojo como un estallido de alegría por lo inalcanzable en todas partes.
Y es que en este julio vacacional, hemos querido esperar a la resaca y luego a las aguas calmadas, para comprobar si de veras esto del fútbol o del soccer, como lo llaman por estos lares, llegaba más allá de España y de sus retransmisiones deportivas. Porque una cosa es que un país entero vibre de emoción y celebre por todo lo alto la consecución de un campeonato mundial, por parte de unos profesionales entregados e impecables, y otra muy distinta es que ese mismo hecho logre una trascendencia real y cotidiana fuera de nuestras propias fronteras. Es decir, cuan “mundial” puede ser verdaderamente ese.
Ahora sería muy fácil echar mano de estadísticas e hilar un artículo grandioso. Pero lo cierto es que he leído unos cuantos, de ese calibre, elaborados por los periodistas especializados y jamás me atrevería a competir con ellos. Tampoco pensé nunca que en esta sección hablaría o reflexionaría sobre el deporte rey, pero aquí estoy después de dejar atrás las hogueras de junio, y viajar por el Medio Oeste del país con diferentes intenciones, aunque una de ellas fuese comprobar “in situ” si aquí se oía algo del Habría que empezar diciendo que Chicago logró tener un cincuenta por ciento de población hispana allá por el año 2000. Diez años más tarde esa cifra ha aumentado considerablemente y mantiene a la City en el tercer puesto de las ciudades más grandes de EEUU, tras Nueva York y Los Ángeles. Por supuesto, hay hispanos en todos los deportes, incluso en los que están considerados más genuinamente estadounidenses, como el fútbol americano, el baloncesto, el jockey sobre hielo –hace menos de dos meses que el equipo representativo de Chicago, los BlackHawks, ganó la División Central y, además, la Conferencia Oeste, hecho que colapsó el centro urbano- o el béisbol, por mencionar los más representativos. Aun así, las audiencias masivas que lograron las cadenas de televisión hispanas en USA en sus retransmisiones del Mundial de Fútbol, a lo largo y ancho del país, confirman el seguimiento palpable del acontecimiento. Los datos aportados por los propios periodistas, en las distintas cadenas hispanas, reafirman iguales cifras en toda Hispanoamérica desde el cono Sur al Polo Norte. O sea, que haciendo la correspondiente salvedad de la misteriosa Asia –que tuvo también sus equipos en competición- y la menos conocida Oceanía, se enteraron del asunto en Europa, América y África sobradamente.
¿Y qué? ¿significa eso que “todo el mundo” se enteró de la noticia?¿le llegó al ciudadano de a pié? Porque los medios televisivos norteamericanos informaron religiosamente –no iban a perderse televidentes- aunque tampoco hicieron demasiado hincapié porque la selección norteamericana, que estaba llena de hispanos, no ganó el Como dije, en este julio veraniego tuve ocasión de acercarme a algunos lugares de “peregrinación vacacional”. Para un país que tiene una explotación turística del 0,01%, eso es mucho decir, porque es en esos lugares donde se nota la llegada masiva de personas desde otras zonas del país. Con la crisis y sin ella también, el norteamericano medio acostumbra a viajar muchísimo en coche y a desplazarse a aquéllos sitios, dentro de sus fronteras, que se convierten en populares por alguna razón. En el Medio Oeste destacamos Six Flags y Wisconsin Dells (¡atención, turismo!). El primero se halla en Illinois, a una hora y media de Chicago aproximadamente, y consiste en un inmenso parque de atracciones que se divide en dos: tierra y agua. La parte “terráquea” tiene alguna de las montañas rusas más altas del mundo, aunque no tiene el récord de ser la primera, que es la de Cedar Point –otro de los centros turísticos por excelencia veraniegos-, en la península de Sandusky, Ohio. La parte acuática de Six Flags tiene atracciones para toda la familia: desde pequeños ríos en los que deslizarse en flotador, individualmente o en grupo, hasta un gigantesco fonil en el que experimentar los giros concéntricos de un sumidero a bordo de una mini zodiac.
Wisconsin Dells está a dos horas y media de Chicago en coche, en el estado que lleva su nombre. Es un pequeño pueblo surcado por una carretera principal flanqueada, a ambos lados, por hoteles que compiten entre sí, al ofrecer la mayor cantidad y variedad temática de piscinas. Uno de los hoteles, de temática antigua, tiene un caballo de Troya de proporciones inmensas al pie de una piscina –el caballo se puede recorrer por dentro como un griego cualquiera- y, al mismo tiempo, otra piscina al lado de una reproducción –a tamaño natural- del Coliseo de Roma. Otro hotel ofrece seis piscinas con distintas formas tales como una tarta de cumpleaños, un merengue, un chupa chups, una tartaleta, un caramelo y una cascada. La nota ecológica la ponen otros reclamos que ofrecen viajes de 45 minutos, a través de la espesa vegetación del lugar, en vehículos de la segunda guerra mundial –que aquí llaman “ducks” o “patos”- capaces de recorrer un bosque y saltar indiscriminadamente sobre el río Wisconsin, sobre el que flotan, para mostrar las huellas del antiguo glaciar y la adaptación de las plantas a ese ecosistema.
Y ahora viene lo sorprendente. Porque esos lugares están repletos de pequeñas tiendas de souvenirs, como corresponde a los sitios de gran afluencia de gentes de aquí y de allá, y, en todos ellos, como en un salmo previamente acordado, ondeaba la camiseta de la selección española de fútbol, en medio de la artesanía local.
Los estados de Michigan, Indiana, Ohio, ostentaban también la misma camiseta con total naturalidad hasta en sus más pequeños negocios.
Al ciudadano medio de éste país le gusta presumir de estar a la última. Un mes no mide sino la vigencia y muerte de un producto reciente. Me congratulo de pensar que “el nuestro” va a durar un verano. Si no, pregunten a esa familia, de apellido Obama, que se pasea inesperadamente por la Costa del Sol española…
Julio comienza, en USA, con un prometedor olor a barbacoa en el aire. El cuarto día del séptimo mes, huele a carne a la brasa en el jardín trasero de cada casa, porque cada edificio, cada institución, cada rincón del país recuerda la lucha por su independencia y se reafirma contundentemente al ritmo del ondear de su bandera.
El once de agosto, la selección española de fútbol se mide, en un juego amistoso, a la selección nacional mejicana, vecinos americanos y apoyo indiscutible de La Roja a este lado del océano. La técnica y el corazón –en forma de Sol azteca- tienen una cita.
Veremos si los fuegos artificiales norteamericanos alcanzan hasta finales de agosto.
Y si quieres ver lo que pasó en Chicago, ese día tan especial, aquí tienes el link que te llevará al centro de la ciudad, frente al Café Ibérico, junto a otros compatriotas: