SOBRE EL MOVIMIENTO QUE SE DEMUESTRA…ANDANDO. Grissela Pérez









 

Vivo en Elgin, un suburbio de Chicago, en el estado de Illinois, EEUU. Pretendo contarte, desde aquí, esas pequeñas cosas que sorprenderían a cualquiera que se enfrente por primera vez con una cultura diferente a la suya. Espero que lo disfrutes.






SOBRE EL MOVIMIENTO QUE SE DEMUESTRA…ANDANDO 



Las calabazas han tomado posesión de las ciudades. Están por todas partes. Suaves anaranjados y púrpuras casi negros se ven por doquier: en el colorido de los árboles, en las hojas otoñales regadas por todas las calles, en las fachadas de casas y edificios, en jardines, en  toda clase de tiendas y supermercados entonando una sinfonía hermosa y estacional. A pesar del límpido cielo azul y el frío creciente parece como si la naturaleza apaciguase los ánimos más exaltados.

El undécimo mes no ha podido empezar de manera más abrupta. Aún colea Halloween –All Hollows Eve, Víspera de los Vacíos, de todos los Santos- mientras en México la muerte se pasea por la frontera norteamericana. Apenas recuperados, llegaron las elecciones. Y llegados a éste punto, hemos preferido este mes esperar a que se asienten las cenizas de los resultados y queden los rescoldos en éstos comicios probatorios para el presidente Obama, con el fin de escuchar las voces de la calle. Sobre todo cuando, quien lo hace, es alguien con claves culturales diferentes. 

Todos recordamos la enorme expectación que el afroamericano despertó en toda Europa desde antes de ganar las elecciones generales norteamericanas. El deseo de un cambio drástico en éste país recorrió el mundo, especialmente después de una política exterior plagada de controversias como la que protagonizó George Bush junior. Para los distintos periódicos y críticos europeos –y para muchos de los norteamericanos- parecía imposible desviarse más de los objetivos necesarios para el país que representaba.

 

La campaña de Obama fue cara –revelándole como a un inteligente recaudador de impuestos- pero supo apelar, entre otras cosas, a algo que el ciudadano medio tiene bien interiorizado: los conceptos de los padres fundadores de este país que son la libertad (de expresión, de culto y de mercado) y la justicia para todos. La preparación cultural de un intelectual le ganaba la partida a la improvisación y a los intereses económicos privados que representaba un partido republicano bastante desgastado.

Y hete aquí que llega con éste mes la reválida presidencial y da la impresión de que todo eso no ha hecho más que desmoronarse lentamente, casi al compás de una danza macabra e inesperada, como si la cruz del cementerio le esperase antes a Obama que a cualquier otro. ¿Qué habrá podido pasar por la mente de los votantes para que, en la mitad de una legislatura, castiguen a un presidente que parecía tocado por un carisma indestructible?¿sólo la crisis económica, el dinero, el hartazgo, el hastío?¿y qué fibra pueden haber tocado los republicanos para que el electorado se decante tan masivamente por ellos cuando hace dos días –en el devenir histórico- parecían haber perdido definitivamente la partida? Porque lo cierto es que el Congreso de Washington se ha teñido ampliamente del azul republicano y al presidente no le va a quedar otro remedio que poner en juego la enorme habilidad que tiene para negociar y trabajar con individuos que le son contrarios, ideológicamente hablando. Los necesita para aprobar sus iniciativas y poder cumplir con lo que prometió, que no es poco. 

En estos días y por desiguales razones, hemos recorrido algunos estados del Medio Oeste americano, y hemos tenido la oportunidad de preguntar a los ciudadanos de a pie qué ha pasado en las elecciones y por qué. Algunos de ésos estados tienen, tradicionalmente, signos políticos distintos que se reflejan en los resultados electorales y por diferentes razones. Y hemos observado que las respuestas se asemejan sorprendentemente en unos lugares y en otros. Tanto demócratas como republicanos asumen haber votado a Obama a la espera de un viraje clamoroso en la economía del país. En todos lados se entiende que lograrlo no sólo es difícil sino complejo por la presión de los grupos económicos disparejos y, a veces incomparables entre sí. Lo que el norteamericano medio no entiende es que el dinero público se use para salvar compañías privadas, por muy grandes que éstas sean. O que se utilice para pagar a los mismos ejecutivos que han arrastrado al país a una crisis que va perdiendo precedentes en su misma historia; y que, además, eso forme parte de un paquete de medidas para “revitalizar” supuestamente la economía interna. Absolutamente todos los interlocutores que hemos tenido han pronunciado la misma frase coincidente: “él –refiriéndose al presidente- debió dejar que quien lo hizo mal se estalle, porque aquí si un negocio no funciona cae y nace otro”. Es la manera americana de limpiar el mercado, determinada por la iniciativa individual y feroz en la lucha del hombre por el hombre ¿recuerdan ahora la definición de capitalismo? Sin ambages, y sin la intervención del estado. Es un principio genuinamente estadounidense, que no tiene partido político sino que pertenece a la misma constitución del país. Es un rasgo de identidad nacional arraigado en la convicción de que “quien quiere, puede” porque las libertades son las mismas para todos. Es, asimismo, la base ideológica y fundacional del “american dream”.

El “Tea Party” –nombre que usaron los pioneros coloniales del Este en la guerra de impuestos contra los británicos- lo sabe bien. Los republicanos -aprendiendo rápido de la última derrota-  que han abanderado el éxito electoral, hablaron como los primeros colonos. Recordaron sus libertades –específicamente la de mercado- y tocaron con ello la mano que se deposita en las urnas. O, mejor, el alma que agradece la posibilidad de elegir y recompensar con ello a quien lo permite.

Como si el tercer jueves de noviembre no supusiese la fiesta nacional que más personas desplaza a lo largo de todo el territorio U.S.A. Como si Thanksgiving Day no fuese ése momento mágico del año en donde juntos, sin distinciones de ningún tipo, celebran el Día de Acción de Gracias, en éste país tan nuevo de democracia tan vieja. Habrá que ver a quién le gratifica más.