Rubamaral. Juan A. Velarde



 



Rubamaral

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El Partido Socialista ¿Obrero Español? ha llegado a tal extremo de confundir el culo con las témporas que se cree que en las instituciones puede actuar impunemente como si estuviese en su sede de Ferraz. A determinados dirigentes les da lo mismo ocho que ochenta. Piensan que son los dueños de todo, que pueden mangonear a su antojo, al libre albedrío y que las normas están para cambiarlas o, directamente, para no cumplirlas. Y, lejos del cachondeo, del espectáculo del hit parade o de las paridas compactas a las que estamos asistiendo en estos días, lo grave es que le estamos dando (o mejor dicho le están confiriendo) carácter de broma, de club de la comedia a la supuesta gracieta de Rubalcaba y su ‘Sin ti no soy nada’, que le espetó al diputado del PP Gil Lázaro a cuenta del chivatazo del Faisán.

 El Congreso, como el Senado, los parlamentos autonómicos, las diputaciones, cabildos y ayuntamientos no son unos recintos donde uno va echar la partidita, tomarse unos chatos con los amigos o empezar a tener conversaciones de chulo de taberna y a ver quién la tiene más grande. No. Cualquiera de estas instituciones merece el máximo de los respetos democráticos y cuando alguien realiza una pregunta, por muy machacona que sea, debe responder adecuadamente a lo cuestionado, no irse por los cerros de Úbeda o por los acordes de Amaral.

Pero claro, puestos a exigir responsabilidades, no toda la culpa puede recaer en el titular de la cartera de Interior, alias Rubamaral. El primero que consiente y jalea la broma es el presidente del Congreso, el ínclito y sinpar José Bono, el mayor liante que ha parido España, capaz de decir blanco, negro y amarillo en la misma conversación y además sin inmutarse un ápice. Si el máximo responsable de la Cámara Baja se ve completamente inútil para llamar a capítulo a Rubalcaba, es normal que nadie le tome en consideración, como le pasó esta misma semana con dos chiquilicuatres, uno vasco y el otro catalán que se pusieron a soltar su infumable perorata en su lengua autonómica.

Puestos, desde luego, a hacer comparaciones artísticas, a mí se me ocurre que el PSOE ha convertido el Congreso en (elijan ustedes): La casa de los líos, El camarote de los Hermanos Marx, Esta casa es una ruina o en Las normas de la Casa de la Sidra, este último por el nivel de coma etílico intelectual con el que llegan algunos ministros que evitan contestar a lo que se les pregunta, bien porque no saben de qué va el tema o bien, directamente, porque tienen tal colocón de poder que les trae al pairo las normas más básicas de la democracia.