Pornografía alimentaria. Juan A. Velarde



 



Pornografía alimentaria

20110318180531-pornfood.jpg

Medio planeta se muere de hambre y una parte del otro medio se dedica a juguetear con los alimentos. Sí, llámenme demagogo o lo que quieran, pero lo cierto es que esta semana que ya termina hemos asistido en el municipio tinerfeño de La Laguna a una astracanada de muestra titulada Del bodegón al porn food y que venía a complementar el festival cinematográfico Cine es Cena. Jugar con la comida cuando hay decenas de miles de personas, solo a nuestro alrededor, sin necesidad de tener que salir de la isla, que no pueden acceder siquiera a un triste mendrugo de pan me resulta criminal, producto de una falsa realidad, como si aquí nos sobrasen las viandas.

La comisaria de la muestra, la señora o señorita Yanet Acosta, defiende estas creaciones esgrimiendo el siempre falaz argumento de que esto es arte, de que nadie puede ponerle o quitarle etiquetas a algo que es producto de la imaginación. Y, claro, no se les ha ocurrido a los pergeñadotes de este chiringuito artístico que disponer de la comida como si fuesen elementos sexuales. Es más, creo que los mendigos que campan a sus anchas por la avenida Reyes Católicos, en Santa Cruz de Tenerife, no ven un rico alimento sobre el plato, sino una maravillosa obra de arte que, por supuesto, hay que saber respetar.

A mí me da la sensación, no sé si a ustedes les sucede igual, que últimamente estamos asistiendo a una especie de tergiversación de la normalidad. La llegada de esta hornada de cocineros de mucho fuego de artificio, escasa sustancia, pero sustanciosa cuenta, ha motivado que no estemos delante de un plato como Dios manda, sino ante una especie de no sé qué montaje gastronómico que, salvo los paladares más exquisitos, nadie sabe exactamente qué nos estamos llevando a la boca.

Lo peor de todo es que estos pseudoartistas (¿desde cuándo la gastronomía es un arte?) se creen sus propias palabras. Cito literalmente, “se trata de seducir, de comer con los ojos, y si de seducir hablamos, resulta imposible no recurrir a lo erótico. Gastronomía es sabor, y los sabores son sugerentes. La alta cocina actual induce al placer y sublima los sentidos del comensal causando mil sensaciones. Pasa exactamente lo mismo cuando exploramos y sentimos en nuestras relaciones. Al igual que a estas las potencia el amor, a los platos de nuestros más exquisitos y atrevidos cocineros los productos de calidad y un acabado perfecto los encumbra y aproxima a la obra de arte”.

Insisto, aun a riesgo de que me tilden de demagogo, la verdadera obra…de caridad la harían proporcionando alimento al pobre de la esquina que han tenido estos días frente a la muestra. Pero no, estos señores están muy por encima de la realidad (yo diría que fuera de ella) e igual su reduccionismo alimentario no les alcanza para comprender que hay personas que no disfrutan viendo un plato, sino que gozarían dejándolo más limpio que usando un bote de Fairy.