Panchilandia. Juan A. Velarde



 


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Panchilandia

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-Buenas tardes, le habla Yamilei Castro, de Bodriofone, ¿qué desea?

-Buenas tardes, soy Celedonio Rodríguez, titular de la línea y le llamo porque me han cargado en la factura una penalización por una baja que yo no he pedido

-A ver, sí, un momento. Mire, señor Rodríguez, en estos momentos no puedo acceder al sistema de datos. Tendrá que marcar el 123 nuevamente y pedir que le pasen con Bajas.

(Pasados unos segundos)

-Buenas tardes, le habla Oswaldo Torres, del departamento de bajas de Bodriofone, ¿qué desea?

-Buenas tardes, sí, verá, soy Celedonio Rodríguez, titular de la línea, y le llamo porque ustedes me han cargado en la factura una penalización por una baja que yo no he pedido.

-A ver, sí, es verdad, el sistema por error le ha tramitado la baja de la línea y, efectivamente, se le han cargado 150 euros porque usted no ha cumplido lo estipulado con la permanencia.

-Pero, ¡oiga, que yo no he tramitado ninguna baja!

-Pues mire señor, tendrá que llamar al 123 y hablar con Facturación.

(Nuevamente, y tras unos segundos)

-Buenas tardes, le habla Valeria Villa, del departamento de Facturación de Bodriofone, ¿qué desea?

-Buenas tardes, vamos a ver, soy Celedonio Rodríguez, titular de la línea y ya es la tercera persona con la que me pasan para que me aclaren de una vez por todas por qué me han cargado 150 euros de una baja que yo no he solicitado.

-Efectivamente, caballero, en el sistema está registrado que hay una baja y el coste es de 150 euros. Lamentablemente, ese importe será cobrado en su próxima factura.

-Pero, ¡oiga, que yo no he tramitado ninguna baja! Lo que quiero es que me reintegren esa cantidad.

-Lo sentimos mucho, señor Rodríguez, pero ese dinero se irá descontando en sucesivas facturas.

(Y el cliente iba a darse de baja dentro de dos meses, justo cuando se cumplía el tiempo mínimo de permanencia)

Este extracto, cuyos nombres son ficticios, está sacado de lo que diariamente le pasa a muchos clientes con cualquier operador de telefonía móvil. Captar nuevos usuarios es sencillísimo, pero para reclamar, ¡ay amigo, te las verás y te las desearás! Y es que un denominador común de estas empresas es contratar a un ingente batallón de panchitos y panchitas que, a dos euros la hora, le atenderán desde los más pintorescos y alejados rincones del planeta. No le resolverán un solo trámite en cuanto detecten que es una queja del servicio que presta la compañía, máxime si es un error de 150 euros como le sucedió recientemente a una persona porque el sistema, que debe ser que actúa por su cuenta, le cargó esa cantidad por una baja que jamás había solicitado.

Ante esta actitud impasible y caradura de las empresas de telefonía, sólo cabe hacer una cosa, poner la correspondiente denuncia en la Oficina Municipal de Información al Consumidor y, por supuesto, en la primera comisaría de policía. Intentar dialogar con Panchilandia es lo más parecido a hacerlo con la Mona Chita en Sanscrito.

 








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