Ni Peña ni Darias son el epílogo de La Gaceta de Canarias. Juan A. Velarde





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Ni Peña ni Darias son el epílogo de
La Gaceta de Canarias


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La historia de los últimos años de La Gaceta de Canarias verá dentro de un tiempo (espero que no mucho) la luz. Sé de buena tinta que se están empezando a recopilar datos, documentación y un montón de material gráfico para mostrar a la sociedad canaria qué sucedió con un rotativo que nació a finales de 1989 y que se mantuvo en pie hasta los albores de noviembre de 2008. Son y somos muchos los que, voluntariamente, prestaremos nuestra colaboración para intentar dejar a cada quien en el lugar que le corresponde, pero desde luego quien se debe llevar la mayor hostia (mediática) es esa pareja de sinvergüenzas descerebrados que responden al nombre de Fernando Peña Suárez y Elena Rodríguez Darias, sepultureros de una ilusión de papel que con tanto esfuerzo sacaron adelante unas cuantas hornadas de excelentes periodistas.

Evidentemente, me gustaría que fuéramos muchos los que prestásemos nuestra memoria para relatar no sólo esos últimos años de La Gaceta, sino que todo arrancase desde el inicio, cuando un grupo de arriesgados empresarios (esos sí que lo eran) y un grupo de periodistas novatos y otros curtidos en mil batallas se juntaron para lanzar a la calle un producto revolucionario, rompedor, que se ponía como contrapunto a un conservadurismo demasiado tradicional como eran La Provincia, El Día o el Diario de Avisos.

Hay que reconocer que centenares de profesionales que pasaron por las distintas sedes que tuvo La Gaceta de Canarias dejaron su huella, su laboriosidad, su sacrificio de una vida personal en pos de conseguir la última hora de un incendio que asolaba los montes de Tenerife, la situación de peligro de unos excursionistas atrapados en una galería, huelgas varias, pactos políticos, partidos memorables de nuestros representativos en las diferentes modalidades, los ascensos del Tenerife con esas victorias ante los grandes, Real Madrid y Barcelona, las hazañas de la UEFA. En suma, un montón de historias, un sinfín de vivencias que siempre quedarán presentes en nuestra mente.

Me niego, desde luego, a que Peña y Rodríguez sean el punto y final de La Gaceta de Canarias. Personajes tan abyectos, empresario tabernario y maniquí de Lookflowers, no merecen ser quienes hayan dicho la última palabra, en absoluto. Somos centenares de personas las que más o menos tiempo hemos reído y sufrido en y con el periódico. Hemos sido una gran familia, con ramificaciones infinitas, con sus desavenencias, como todo núcleo familiar que se precie, pero teniendo claro siempre un aspecto, el que al día siguiente había que empezar a rellenar páginas y más páginas, opiniones, noticias, matraquillas, impresiones, tiraderas…lo que fuese, pero con la premisa de prestar un servicio casi público a quienes eran nuestros lectores, quienes también se quedaron huérfanos cuando hicieron acto de presencia el mago del pan de cemento y la vedette verbenera. Al menos esperemos que en un lapso de tiempo no muy grande puedan tener en sus manos esta historia. Es de justicia.







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