Mamarrachadas Balletbó. Juan A. Velarde


 



Mamarrachadas Balletbó

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Hace falta ser mamarracha para soltar, 30 años después, que el golpe del 23 de febrero era conocido por el embajador de los Estados Unidos en España y por el Vaticano. ¡Tócate los pies! La ideóloga, la madre que parió la frasecita de marras responde al nombre de Anna Balletbó, ex diputada del PSOE, y que no tuvo mejor ocurrencia que soltar esa parida en el programa Hormigas Blancas, en Telecinco.

La también periodista, como ya no tiene mucho de que hablar y no es noticia por nada, buscó el protagonismo morboso y más recalcitrante con una afirmación de tal calado. Hay que echarle jeta al asunto y encima quedarse con la misma cara marmolada con la que lo dijo, además cuando fue la primera diputada que, una vez fuera del Congreso, habló directamente con el Rey para informarle de cómo estaba el estado de las cosas en el interior del hemiciclo.

La mamarrachada, insisto, no tiene ni pies ni cabeza. De haber sido tal y como reza la señora Balletbó, estaríamos ante un escándalo de dimensiones desproporcionadas. No es que dude, es que resulta materialmente imposible que los Estados Unidos y que el Vaticano tuvieran constancia de este golpe. El resultado chapucero del mismo ya habla por sí mismo de que fue un movimiento sin el apoyo suficiente, producto de la mente calenturienta de cuatro acólitos de épocas pretéritas que querían volver a ese pasado oscurantista.

Pero, claro está, 30 años dan para mucho, incluso para intentar retorcer la Historia y la historia (en mayúscula y minúscula) de los hechos. Balletbó pretende jugar con la falta de contexto de las nuevas generaciones, pero no cuenta con que su absurdo razonamiento hace aguas por todos los lados. Geopolíticamente, a los Estados Unidos no le interesaba que España volviese a ser un régimen dictatorial y el Vaticano, evidentemente, mucho menos. Los servicios de inteligencia yanqui no hubieran permitido jamás una intentona así de haber tenido la información. Por eso se refuerza la tesis de que el golpe fue improvisado.

Sin embargo, siempre hay quien hace seguidismo de los argumentos más absurdos y la periodista María Antonia Iglesias, pese a ser consciente de la idiotez supina que estaba soltando la señora Balletbó, lanzó una pregunta al aire sobre la posibilidad de que la CIA tuviera constancia de estos hechos. Menos mal que personas de esta calaña ya están más fuera que dentro de la órbita pública, aunque a veces las sacan de paseo como a las máscaras del Carnaval.