Los pájaros contra las escopetas. Juan A. Velarde



 



Los pájaros contra las escopetas

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Los pájaros disparando contra las escopetas. De otra manera, amigos lectores, no se me ocurre definir el chusco episodio por el cual a un alcalde, en este caso el de Puerto Real, tiene que pagar más de 6.000 euros por llamar crápula al Rey y, en cambio, el brazo político de los etarras, Arnaldo Otegi, recibirá una cuantiosa indemnización de 20.000 euracos porque, según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, España le coartó su legítimo derecho a la libertad de expresión cuando le acusaron de haber injuriado a Don Juan Carlos por llamarle “responsable de los torturadores”.

Es decir, José Antonio Barroso (IU) fue condenado a una multa de 6.480 euros por, según dictaminó la Audiencia Nacional llamar al Monarca "corrupto", "hijo de crápula" y "deleznable" además de hacer referencia a sus costumbres sexuales y a su supuesta "vinculación etílica", entre otras expresiones, puesto que superaban "la crítica política" y caen en el "insulto personal" y que eran “innecesarias” para defender los argumentos que el edil exponía. Sin embargo, llamar torturador al Rey no sólo sale gratis, sino que encima te pagan 20.000 euros si el Estado te calla la boca.

Esto, dicho sea con todos los respetos, es como si además de puta, pones la cama y encima no sólo el cliente se echa un polvo gratis, sino que además se lleva 100 euros por la patilla. No tengo otra definición para esbozar lo que ha sucedido en el caso de Arnaldo Otegi, aunque lamentablemente estamos asistiendo a precedentes sumamente peligrosos donde, qué curioso, hay un cierto miedo judicial a grupúsculos independentistas y sólo se hace cumplir las leyes a quienes no va a ir con la goma 2 o el cóctel molotov en la mano.

Aún está fresco en mi memoria la estampa de aquellos muchachotes, muy valientes ellos, que quemaron banderas de España y la imagen de Don Juan Carlos. Un delito perfectamente tipificado que acabó, pásmense ustedes, con la absolución de los autores que, encima, se permitieron el lujo de presentarse en el juicio con una camiseta que llevaba un lema en catalán perfectamente traducible al castellano: “Yo también quemo la Corona”.

Dicen que estamos en un Estado de derecho, pero cuando observo estas diferencias de trato en los juzgados, ya sea a nivel de una nación o de la UE, me da pie a pensar que tienes que ser un violento para poder escabullirte de la pena a la que te has hecho acreedor. Aquí el asesino de 25 personas, De Juana Chaos, pasea tranquilamente por Irlanda y por San Sebastián y, por ejemplo, un pobre desgraciado con necesidad de llevarse dos barras de pan puede pasar tres años en el talego por apropiación indebida.

Si esta es la Justicia en la que tengo que creer, directamente abdico de mis creencias y me hago un perfecto ateo, al menos desde la perspectiva judicial.