La realidad volátil de Rivero. Juan A. Velarde



 



La realidad volátil de Rivero

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Paulino Rivero, todo hay que decirlo, es una suerte de optimista sin complejos. Para él, todo va bien o es susceptible de mejorar a corto plazo. Da igual del tema del que se trate. Si alguien tiene soluciones, ese es el presidente del Gobierno de Canarias, que capaz es de venderte sin despeinarse un ápice un perrito piloto (sin helicóptero), una chochona o 80.000 empleos. Es igual que luego rasques un poco y que, en realidad, es anuncio sea más falso que un billete de 1.000 euros. Lo importante en este caso, y haciendo un paralelismo con Zapatero, es el mensaje (aquel decía la foto). Lo demás, parece secundario.

Toda esta retahíla viene al caso por las declaraciones efectuadas tras conocerse las cifras del paro en Canarias. No es hayan sido malas. Técnicamente, tener 26 parados más no es, siquiera, media gota de agua en el océano (Atlántico, por supuesto), lo que sucede es que este no es el camino que Rivero y sus apóstoles habían prometido en esta travesía que termina el 22 de mayo. Los empleos que iban a crear se han quedado por el camino, pero que eso no te desaliente amigo, tu presidente sigue con la fe intacta.

Y es que debe ser eso, cuestión de fe (o de café) la del jefe del Ejecutivo regional. Que no le cuadran las cifras, da lo mismo, todo se fía ahora a la campaña de Semana Santa que, curiosamente, casi empata con el puente de mayo. Claro, ahí está la clave de una posible reducción del desempleo en las Islas y en el conjunto de España, pero tampoco lo den por hecho. Ya hemos pasado épocas de grandes contrataciones, especialmente en navidades, y al final tampoco los datos fueron lo halagüeños que se esperaban.

En fin, que no me imagino yo a Rivero por las calles de Aguere, cruz en mano y látigo en la otra, fustigándose por no cumplir lo prometido. El presidente vuela muy alto, a veces demasiado y a un coste elevado para nuestros sufridos bolsillos, y la realidad que él ve nos queda muy lejos. Quizá se gane la vida como pitoniso, como vidente, como Nostradamus Nivariense o Canariensis, pero de momento la realidad es la que es y no entiende de predicciones, sino de cifras contantes, sonantes y, sobre todo, muy paradas y muy quietas. 
 







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