La magia de una simple radio 20 estudiantes canarios hablan con uno de los astronautas de la Estación Espacial Internacional






 

La magia de una simple radio

20 estudiantes canarios hablan con uno de los astronautas
de la Estación Espacial Internacional


 

Cristina Hansen Ruiz


En un mundo como el de hoy parecería que cualquier cosa que no tenga que ver con las últimas tecnologías, el 3D y juegos en consolas de última generación no es emocionante. Y sin embargo hoy se produjo algo que a primera vista parecía sin trascendencia, insulso y hasta carente de emoción: un contacto por radio. 

Veinte alumnos procedentes de todas las Islas Canarias lanzaron al espacio sus preguntas a un astronauta mientras la Estación Espacial Internacional (ISS) pasaba durante unos 10 minutos sobre Canarias. En esos escasos minutos, el astronauta italiano Paolo Nespoli consiguió responder a todas ellas. Este contacto por radio lo hicieron posible unos ex-estudiantes de telecomunicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

 

La primera emoción: el saberse seleccionado, hace poco más de un mes. La trascendencia: poder hablar con un astronauta. La aparente falta de todo ello: el saber que es por radio.

  

Escéptica he asistido a toda la parafernalia desplegada en torno al evento. Los ensayos en los que veinte personas entre niños, adolescentes y adultos cumplían a la perfección con su cometido de preguntar rápidamente e irse a su sitio. Las entrevistas de la organización a cada uno de los alumnos para conocer un par de detalles sobre ellos. Las visitas a las instalaciones de los ingenieros de telecomunicaciones: las investigaciones que allí se llevan a cabo, las antenas que se iban a usar para el contacto (bastante pequeñas), el sistema de emergencia por si fallaba la electricidad. Las visitas de los alumnos al rector de la universidad, donde les obsequiaron. La recepción de los alumnos en el salón dorado del ayuntamiento de Las Palmas. Con asombro he podido observar la emoción y conmoción de los alumnos más pequeños, aquellos que todavía desconocen el mundo que les rodea, para los que cualquier detalle es nuevo. Hasta los alumnos más grandes disfrutaron con la perspectiva de sentirse importantes con los agasajos.

  

La última y más grande emoción y trascendencia: el contacto por radio. Los alumnos preparados, bajo la atenta mirada de los ingenieros de telecomunicaciones, y la pantalla al fondo que indica que la Estación Espacial Internacional se acerca poco a poco a la zona de contacto con las Islas Canarias. El ingeniero que intenta hacer el contacto pronuncia su consigna: “…India Sierra Sierra, ¿me oyen? Cambio”. El ruido de fondo que contesta sin llevar consigo ninguna palabra. El ingeniero que vuelve a repetir su consigna: “…India Sierra Sierra, ¿me oyen? Cambio”. Los padres que nerviosos escuchan como por segunda vez no se oye nada que provenga del espacio. El ingeniero que con aplomo intenta contactar de nuevo. Los alumnos que no parecen ni respirar esperando en fila. El ingeniero lo intenta así unas tres o cuatro veces más. No sólo no hay nadie allá fuera sino que también las palpitaciones de los presentes parecen haberse detenido. Y de repente, primero muy mezclado con ruido de fondo y luego más claro y fuerte la voz del astronauta que nadie puede ver. Los rostros se llenan de alegría contenida, puesto que ahora comienza el trabajo: lanzar las preguntas y recibir las respuestas. Uno por uno los alumnos desfilan delante del micrófono que transporta sus palabras a la estación. Y uno a uno el astronauta les contesta diciendo primero sus nombres, como si ya conociera a los mismos. Algunos se quedan quietos escuchando atentamente la respuesta, otros escuchan sin entender. Cada uno de los alumnos apenas ha tenido medio minuto de gloria consigo: su pregunta y la respuesta. Casi al final parece perderse el contacto, falta la última alumna. Dice su pregunta rápidamente, vuelve el contacto, pero el astronauta estaba todavía respondiendo a la anterior. Con rápidos reflejos retoma su posición ante el micrófono y repite la pregunta. Para gran alivio del público, el astronauta la escucha y la responde. Han sido 10 minutos escasos hablando por una radio, una tecnología un tanto antigua. Y sin embargo, el resultado de la experiencia se observa en las caras radiantes de los alumnos. La emoción transpira por los ingenieros de telecomunicaciones que han logrado su objetivo de contactar con la Estación Espacial Internacional. A los alumnos les espera un agasajo más: el verse asediados por los micrófonos de los medios de comunicación como si fueran futbolistas de primera división.

 

Esta experiencia, a primera vista simple e incluso insulsa, ha tenido un gran impacto sobre las mentes más jóvenes. Es algo que probablemente no olvidarán. No se sabe ni si acabarán estudiando ciencias, ni si conseguirán lo que se propongan tras terminar la carrera. Pero han vivido los 10 minutos más emocionantes en mucho tiempo gracias a un simple contacto por radio.