La imperiosa excelencia educativa. Juan A. Velarde



 



La imperiosa excelencia educativa

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Los socialistas son inasequibles al desaliento. Si el informe PISA nos pisotea, nunca mejor dicho, en su análisis de 2010 respecto al nivel educativo que tenemos en España, el PSOE prefiere hacer oídos sordos, no realizar cambios para mejorar una situación dramática, con universitarios de primer año que no saben hacer una raíz cuadrada o que presentan exámenes y trabajos repletos de faltas de ortografía, lo que deja bien a las claras que se está haciendo tabla rasa en los niveles básicos, especialmente en la educación pública. Lo que sucede es que no siempre hay que culpar al profesorado, sino a esa burocracia politizada y que en algunos casos, puedo hablar concretamente de lo que sucede en las Islas, obliga al docente de turno a tener un mínimo de aprobados para que luego en las estadísticas (que es lo que le importa al chupatintas de turno) no se le caiga a alguien la cara de vergüenza.

Por eso me ha sorprendido sobremanera la reacción del PSOE a la propuesta planteada por Esperanza Aguirre de crear una especie de bachillerato de excelencia para aquellos alumnos que destacan por encima de la media. Señores, es que es de cajón. Si en un cesto tenemos seis manzanas sanas y ponemos dos podridas, la lógica indica que al final las ocho estarán incomestibles. Pues con la educación sucede más o menos lo mismo, ¿cómo podemos evitar que el buen estudiante no se contagie de la congénita vagancia de algunos alumnos si luego es el propio profesor el que se abstiene de facilitar el progreso del estudiante?

Personalmente, y aunque suene a tiempos del Jurásico, les contaré una anécdota que me sucedió en el Colegio Público Las Salinas, en Arrecife de Lanzarote, en 1983. Estando en quinto de EGB, los profesores tenían que enfrentarse a un aula donde la mayoría de estudiantes del curso eran mayores de 14 años, sí, como lo leen, tetrarepetidores a los que aún había que enseñar a leer y a sumar. Lo de dividir (y con decimales) ya era para expertos de la NASA. ¿Creen que al docente de turno le agradaba esa situación? Claro que no, pero eran órdenes de la Consejería de Educación. Ni que decir tiene que en ese colegio duré día y medio, sobre todo cuando en casa vieron que no tenía tarea alguna que llevar a clase al día siguiente.

Por supuesto, no creo que ahora pase algo así, pero sí que es verdad que las clases de muchos colegios e institutos de la enseñanza pública están drapeados de alumnos que pasan de todo, que están más pendientes del móvil, del Ipad y de molestar al compañero y jeringar las clases que de formarse. Los maestros, en muchos casos, se ven impotentes, sobre todo porque luego, cuando llegan las quejas al jefe de estudio o al director del centro, tampoco se percibe una actuación real, motivada esa pasividad porque el Ministerio y/o la consejería de Educación no está por la labor de que le den problemas.

Por eso, no me extraña para nada la propuesta de Esperanza Aguirre, pero los adalides y adláteres de una falsa igualdad ya están a la que salta con el quebrantamiento de la igualdad y de que si se empieza a segregar a la persona desde pequeño. En fin, paridas a toneladas, aunque mientras sigan ciertos elementos al mando del país, está claro que la cultura del no esfuerzo tiene premio. Incluso hasta te hacen ministra.








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