Izquierda fragmentada. Juan A. Velarde





Izquierda fragmentada

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La izquierda en Canarias no es que esté dividida. Su unidad se ha ido degradando hasta tal punto que parece un jarrón de la dinastía Ming hecho auténticos pedazos, tan pequeños además, que parecen los Frosties de Kellogs del desayuno de cualquier colegial. Ni usando pegamento Imedio se recompone el tema, pero lo peor es que las partes que encima pudieran salvarse acaban aliándose con los pedazos totalmente putrefactos, auténticos parásitos del panorama político regional, que lo único que van a provocas (si es que no lo están provocando ya) es una desmovilización atroz del electorado progresista que acabará por quedarse en casa, irse al monte o marcharse a la playa el 22 de mayo, a cualquier sitio menos a un colegio electoral.

Uno de los grandes baluartes de la izquierda en las Islas venía conformada por el flemático Ramón Trujillo, de IUC. Independientemente de que no comulgue con una formación que Frutos, Llamazares y Lara han ido desprestigiando a marchas forzadas, lo cierto es que este político afincado en Tenerife tenía (y creo que aún las tiene) buenas ideas, unas propuestas acordes a la situación de crisis por la que atravesamos desde hace tres años. Su discurso, claro, coherente, difícilmente rebatible y hasta con posibilidad de ser comprado por un electorado de centro-derecha hacía de Trujillo un valor en alza, aunque dentro de unas siglas, repito, devaluadas.

Sin embargo, toda su panoplia reivindicativa puede quedar en agua de borrajas al meterse en una alianza que no deja de ser una ensaladilla rusa (nunca mejor dicho) de afectos a la poltrona, de políticos de medio pelo con una querencia de poder exacerbada, verdaderas rémoras de la política canaria que sólo buscan la notoriedad, no resolver los problemas de la gente. Y es que a Trujillo, Dios mediante, me da que le han engañado al aceptar ir en comandita con esa gran sábana llena de ácaros que se llama Socialistas por Tenerife.

Para empezar, y se lo digo con todo el cariño del mundo al señor Trujillo, mal empezamos cuando, por ejemplo, de cara al Cabildo, le cambiamos el nombre al engendro y lo rebautizamos como Coalición por Tenerife (con el riesgo además de que CC haya podido presentar un recurso por un equívoco evidente en el tema de la marca electoral). Y luego, para rematar la faene, una vez el coordinador de IUC en la isla tinerfeña se percata del truco de Socialistas por Tenerife para ir en comandita con Nueva Canarias y el PIL al Parlamento, entonces dice que el acuerdo sólo atañe a unos ayuntamientos y al Cabildo porque entiende, con toda la razón del mundo, que no se puede junto a los corruptos del PIL, cuya piel está más que atomizada por toda la porquería que emana de los herederos políticos de Dimas Martín, verdadero artífice de los mayores pelotazos en Lanzarote y que, guste o no, sigue mangoneando a gusto desde su celda de Tahíche.

Sin embargo, por muchos esfuerzos que trate de hacer el señor Trujillo, lo cierto es que muchos votantes no tienen el don de discernir donde la marca electoral está libre de los corruptos y donde no. Ahora bien, ¿alguien puede explicarme cómo se acepta en este conglomerado a otro tipo como Román Rodríguez? Un elemento que ayer pactó con la derecha, mañana con los nacionalistas y hoy va de Lenin redivivo (aunque al auténtico lo van a tener liderando la candidatura en breve) tiene menos criterio que Mauricio haciendo un test de circulación. Pero bueno, esto es la política que tenemos y mejor no torzamos la jeta para la derecha porque como se confirme lo de Guigou al PP…