Inoperancia acreditada. Juan A. Velarde


Inoperancia acreditada



 
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¿Habrá que acreditarse la temporada que viene para asistir a los partidos del CD Tenerife? ¿O tal vez en Segunda División B no sea preciso pelearte con el director de comunicación de turno? Cuando a comienzos de temporada me espetan indirectamente por parte de alguno de los correveidiles del señor Armas Padilla de que no me acreditaban porque, al margen de no cubrir los partidos que el Tete jugaba fuera de casa, los periodistas de los medios digitales éramos unos carotas que sólo pretendíamos acudir de gorra al estadio y colocar posteriormente en la web la crónica de Efe, no sabe bien el favor que personalmente me ha hecho este personaje iletrado.

No sólo estoy disfrutando de unos maravillosos fines de semana en compañía de los míos, de mis actividades, de ver y escuchar los partidos in situ sin tener que inclinarme ante el esbirro de Decepción y titular las informaciones de los partidos como a mí me sale de ahí mismo, de donde ustedes piensan y se imaginan, sino que también me he ahorrado el tener que presenciar obligatoriamente, cada 15 días, un funesto espectáculo en el césped del Heliodoro, el último, sin ir más lejos, esta misma jornada ante el Córdoba (1-2).

Va a ser una pena que el Tenerife, salvo que alguien lo remedie, descienda a las catacumbas del balompié español, pero desde junio de 2009 al señor de Islas Airways, Canal 4 y Traysesa se le ha ido literalmente la perola. Cual pequeño gran Napoleón palmero se puso el mundo por montera y se creyó que la Primera División era lo mismo que la Segunda y, aunque ahí si le doy la razón por mor de la deuda, buscó gastar muy poco, prácticamente nada, el equipo bajó a la misma velocidad con la que subió. Sin embargo, en la vuelta a la división de plata se gastó más de lo invertido hacía justo un año y, en verdad, para hacer el más absoluto de los ridículos.

El problema es que la tontería, la ineptitud, la estupidez y las actitudes déspotas deben de contagiarse en la sede del Callejón del Combate cual virus de la gripe A y si el presidente agarró tremendo trancazo, el resto de empleados, empezando por su director de comunicación, han sufrido unas secuelas, unas réplicas aun mayores. Este señor, Concepción-Decepción, se ha cargado en dos años un proyecto ilusionante que el mismo inició en 2006.

No sé quién es el asesor áulico del mandamal blanquiazul, pero está claro que en materia de relación con los medios de comunicación le han colado a un pufo, un personaje incapaz de hilar dos frases seguidas y que, permítanme ustedes, se ha comportado como un verdadero sectario, aunque conociendo al individuo, también sé que no ha sido por iniciativa suya, sino que, dada su falta de personalidad, también se ha dejado llevar por tres o cuatro adláteres de marca mayor y con menos seso que espíritu democrático en la cabeza de Gadafi.