HISTORIA ECONÓMICA DE NUESTRO PASADO Y FUTURO RECIENTE CONTADA POR UNA VACA A CIENTO VEINTE MASTICACIONES POR MINUTO

 





 
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HISTORIA ECONÓMICA DE NUESTRO PASADO Y FUTURO RECIENTE CONTADA POR UNA VACA A CIENTO VEINTE MASTICACIONES POR MINUTO  

 

 

      El lobo y Jonás, el granjero, disputaban sobre el futuro de una vaca, conocida como la vaca 120.

      ¾Lobo, escucha bien ¾le decía Jonás¾La vaca 120 debe de reducir su velocidad de masticación a 110 masticaciones por minuto. Cuantas menos mordidas de, mejor digerirá la comida, más engordará, y más carne y buena leche producirá. Si todo va bien, con el tiempo incluso reduciremos a 90, y luego a 80. Cuanta menos velocidad, más engorde.

      ¾Te equivocas ¾le aseguraba el lobo¾ la masticación ha de aumentar a 130 y poco después a 140. A más velocidad de masticación, más consumición. Irá tras los prados nuevos que le ofreceré y así trabajará más para conseguirlos.  
 

      Así  que hicieron una apuesta para ver a cuál de los dos elegía la vaca.

      Sin más tardar, Jonás fue a visitar a la vaca y le dijo:

     ¾Estimada vaca, el prado es un lugar horrible lleno de peligros. Yo puedo librarte de la maldad del lobo. Yo puedo librarte de la pradera salvaje.

     En cuanto Jonás se fue, el lobo se apresuró a ir a verla y le dijo con voz tentadora:

     ¾Querida vaca, no escuches a Jonás. Te habla así porque quiere lo quiero todo para él. Tienes derecho a disfrutar del mundo. Dios puso una pradera grande como el cielo con el fin de que puedas elegir el pasto que desees.

      La vaca 120 no sabía qué hacer, pero le tentaba la cantidad de pasto que se abría bajo sus mandíbulas. 

      Así  que, escuchando al lobo, la vaca se entregó al disfrute de los pastos. A cambio, el lobo sólo le pedía un poco de la leche que producía con el propósito de alimentar a los lobeznos. A escondidas de la ingenuidad de la vaca 120, el lobo se la vendía luego a Jonás a cambio de algunas de las gallinas de su granja. La cuestión era que, como Jonás le pedía más leche, el lobo le pedía más gallinas y, consecuentemente, le sugería a la vaca que tendría que producir más leche.

      ¾Pero, si quiero producir más leche, necesito comer más. Y cada vez hay menos pastos ¾le decía la vaca 120.

      Entonces el lobo, haciéndose el afectado, le sugirió que debía masticar más rápido, ahorrar tiempo porque él no tenía la culpa de que los mejores pastos estuviesen lejos. Así que, a cambio de más leche, le llevaría donde estaban los mejores pastos.

      ¾Vaca 120, sabes que deseo ayudarte. Pero no puedo dejar a mis crías solas y sin alimento. Dame más leche y partiremos enseguida.

       Y la vaca 120 se puso a ello, y no dejó de dar leche y de extenuarse con ello.

      Aprovechando el desconcierto, Jonás se le acercó y le recordó las posibilidades que el mundo podía ofrecerle, lejos de los peligros del camino y de la malicia del lobo.  
 

     Jonás  levantó una propiedad que cercó con vallas. En su interior plantó hierbas que no eran mejores que las salvajes, pero que tenían un aspecto más civilizado. Cuando crecieron bastante, le dijo a la vaca 120:

      ¾No sé porqué preferías el prado salvaje cuando la hierba de mi propiedad es mejor ¾y como fue que la vaca no parecía muy convencida, añadió¾: además, se ha visto merodear a una manada de lobos muy cerca de aquí.

      La vaca se asustó tanto de pensar en lo mal que le habían sentado los consejos del lobo, que a su vez la comida le sentó peor.

     El lobo, aprovechando su debilidad, le dijo:

      ¾Comes muy deprisa. He calculado que comes a 120 masticaciones por minuto. De continuar así la comida te sentará mal, te moverás lentamente y el lobo acabará alcanzándote. He calculado que la velocidad adecuada es de 110, 457268492 masticaciones por minuto.

      ¾Esa velocidad de masticación es difícil de precisar, ¿cómo lo conseguiré? ¾dijo la vaca 120.

      Pero Jonás se desentendió, asegurándole que esa era la velocidad de masticación exacta para alcanzar el equilibrio perfecto entre la velocidad de huida y la eficacia del alimento.

      Por supuesto la vaca, que no sabía medir la cantidad con exactitud, decidió que lo mejor sería no pasarse, comer lentamente. Empezó así a ser lenta de movimientos y rápida de engorde, debido a lo cual un día se cayó en una zanja de la que no pudo salir hasta que Jonás le ayudó.

      ¾Estas son las trampas que pone el lobo para que caigas ¾le aseguró Jonás.

     Aprovechando que la vaca creyó morir, escuchó a Jonás que le aseguró que dentro de su parcela podría engordar a gusto y a salvo de los depredadores. La vaca se convenció, y con el disfrute de la buena hierba y el crecimiento de sus hermosas ubres, acabó olvidándose de los prados salvajes.  

      A la vaca 120 no le gustaba mucho verse tan gorda, pero la seguridad del lugar le hacía pensar que aquél era un buen sitio. A cambio de cierto aburrimiento, llevaría una vida más tranquila.

      ¾Las vacas de granja viven más años ¾le aseguraba cada tarde Jonás¾. Y tienen mejor calidad de vida.  
 

     Sin embargo, en ese tiempo las gallinas, que estaban hartas de que se las llevasen para no volver, empezaron a sospechar de la vaca 120.

     ¾No nos gusta la boca de la vaca nueva ¾se quejó a Jonás la más cacareadora¾ sus mandíbulas son una provocación.  

     Las gallinas temían acabar de almuerzo de la vaca 120: unas, porque temían que alguna mordida les cayese encima por casualidad; otras, porque les parecía obsceno que una boca llena de dientes se paseara con impunidad por una granja civilizada.

      ¾Nos convenciste para vivir en la granja porque aquí estaríamos a salvo de los colmillos de los depredadores. Te damos huevos y tú nos ofreces seguridad. No olvides el trato ¾dijo a Jonás, la misma gallina cacareadora, que además era la que menos huevos ponía.

      Como tenía razón, Jonás se la llevó a un escondite tras el establo, instalándola lejos del resto de animales de la granja, ya que tenía la costumbre de mover las mandíbulas al masticar. Jonás esperó hasta que se sintió confiada. Luego, la sacó del aislamiento y la llevó a la sala principal del establo donde cientos de vacas estaban dispuestas en filas paralelas, y tan apretadas que sólo podían estar de pie. La colocó en el primer hueco libre, le insertó un tubo a cada ubre, y acercó su boca masticadora a una cinta sin fin que llevaba una yerba interminable y sospechosamente verde.

      ¾No debes preocuparte más. Esta máquina se encargará de todo. Podrás comer cuanto quieras, que jamás engordarás. Pero recuerda que no debes salir de aquí. Come, déjate chupar y todo irá bien.

      Y así, la vaca 120 mantuvo la línea el resto de su vida, pensando entre masticación y chupada en cómo conseguir que el lobo viniese a rescatarla.