Franquismo sociata. Juan A. Velarde



 


Franquismo sociata

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Una de Franco, pero 36 años después. Lo del ministro de las ocurrencias industriales, turísticas y comerciales, Miguel Sebastián, tiene visos de verdadera gravedad. Ahora, pásmense ustedes, la imagen de España en el exterior la encarnará el Real Madrid. Así como lo leen. Lo que le criticaban, dicho sea con todos los respetos, a Paquito El Chocolatero, Paquito El Garbancero o Paquito Pantanos, el hacer del cuadro merengue el reflejo de nuestro país por donde quiera que fuera la entidad que presidía Santiago Bernabéu, ahora llegan el partido de los pijoprogres y escoge a un solo club como pegatina promocional de nuestra nación. ¡Tócate los pies!

Pero, señores míos, ¿dónde vamos a ir a parar? Dice el señor de las ocurrencias chorras que también se intentó el mismo acuerdo con el Fútbol Club Barcelona, pero que al final fue imposible llegar a un acuerdo con Laporta, lógico por otra parte cuando estamos hablando de un secesionista de tomo y lomo. Pero vamos, que me parece igual de indigno que la imagen de España esté representada por el Real Madrid y/o el Barcelona porque, entre otras razones, no sólo de fútbol vive el turismo y, ya puestos, quien realmente nos representaría con todos los argumentos del mundo sería la Selección Española, que para eso acaba de alzarse con su primer Mundial. Pero, claro, eso es complicado hacérselo entender a Sebastián.

Lo triste del caso es que mal vamos, turísticamente hablando, si quienes tienen que hacer la promoción de España son Casillas, Sergio Ramos, Cristiano Ronaldo o Xabi Alonso. Tenemos gran diversidad cultural, símbolos que se venden solos y que son ampliamente reconocidos por cualquier extranjero con un mínimo de cultura. Desde el Teide, a la Alhambra, pasando por el Toledo de las tres culturas, la gran Barcelona cosmopolita, una Castilla y León plena de historia o nuestra rica gastronomía de cualquiera de las diecisiete autonomías. La variedad de aspectos que tenemos para enganchar y para atraer a los visitantes son infinitos y no hace falta gastarse las perras en campañas absurdas y menos representadas por un club privado porque, que yo sepa, el Real Madrid no es el equipo del Gobierno (¿o habrá que empezar a pensar que si rascamos un poco les sale franquismo por los poros?).

España tiene valor en sí misma y no precisa de inventos cocinados al amparo de la improvisación. Pero, evidentemente, no podemos esperar mucho de un ministro al que se le ocurren cosas como potenciar la marca España y, en cambio ‘regalarnos’ bombillas de bajo coste hechas por los chinos o que, para evitar poner el aire acondicionado en las oficinas de los ejecutivos, estos se aflojen el nudo de las corbatas. Así nos va y menos mal que ahora la velocidad se reduce en 10 kilómetros, porque si no íbamos a llegar a la deriva mucho antes de lo que imaginábamos. Sólo les ha faltado recuperar la imagen de Alfredo Landa en aquella genial serie, Lleno, por favor, donde encarnaba a ese franquista tan entrañable que sólo creía en Dios, en Franco y en Don Santiago Bernabéu.