Ex alcalde abyecto y vil. Juan A. Velarde



 



Ex alcalde abyecto y vil

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Pere Girbau, un personaje vil y abyecto donde los haya, una porquería con patas, que tiene cabeza porque, lamentablemente, la naturaleza dicta que las personas lleven una pieza anatómica esférica encima de los hombros, pero desde luego su parte terminal por arriba está totalmente hueca, vacía, no hay masa cerebral, siquiera serrín. Este sujeto merecería tener por cabeza un melón, una sandía o una calabaza, pero es que tildarlo de burro únicamente sería demasiado suave para la salida de tono de este ex alcalde de Vic que, en el veinte aniversario de la matanza que ejecutó ETA en la casa cuartel de la Guardia Civil, con nueve muertos, seis de ellos unos imberbes infantes, se le ha ocurrido decir que aún no entiende como los vascos habían ido a matar a Cataluña, si tienen el mismo sentimiento nacionalista y además no hablan la lengua castellana.

A mí, qué quieren que les diga, me la sopla directamente que me ponga este señor o sus acólitos una querella. Me la refanfinfla por activa, por pasiva y por perifrástica. Una basura inmoral como es este pseudopolítico no merece el más mínimo de los aprecios, sino todo el desprecio del mundo y, por mi parte, lo coloco a la misma altura que aquellos que jalean a los terroristas o a los hijos de puta que colocan bombas o pegan el tiro en la nuca. Me la suda lo que pueda pensar este elemento sobre el artículo. Seguro que aun así no es ni la mitad de lo que yo pienso sobre su persona.

Y es que, conviene no olvidarlo, es bastante perverso el encontrarte con gentuza de esta calaña que, haciendo juegos verbales, se creen que están contribuyendo al bien de la Humanidad. Este individuo, esta rata de cloaca está en el mismo pensamiento ideológico que otro impresentable, Carod Rovira, un político independentista que se marchó sin permiso de nadie a Perpignan a pedirle a la banda terrorista ETA que no asesinase en Cataluña. Pero, ¿nos hemos vuelto locos o qué?

Menos mal que al final el electorado es lo suficientemente inteligente para mandar al ostracismo a esta escoria, políticos que sólo saben medrar y que tienen una visión de las cosas más pueblerina y limitada que la anciana de la Fabada Litoral o de aquel entrañable viejecito que preguntaba por Franco y si el Madrid había ganado otra vez la Copa de Europa.

Por mi parte, propondría a las asociaciones de víctimas del terrorismo que un fin de semana viajasen en masa hasta Vic y se pusieran delante de la casa de Pere Girbau para ‘agradecerle’ sus palabras y sus recomendaciones a la ETA. Además, si yo fuese vasco, también me sentiría agredido, pues equiparar, mezclar o asemejar el hecho de ser de Euskadi con ser etarra es una falacia demasiado manida y demasiado peligrosa. Pero, claro, ¿qué vamos a esperar de semejante elemento residual?