Encontrarás Dragones


 


 

Encontrarás Dragones




No es bueno crear expectativas si se pretende sorprender al público con una película. A Encontrarás Dragones le ha ocurrido lo que a tantas otras: su promoción ha vendido un producto distinto del que luego se obtiene. No digo que la realidad sea peor que lo anunciado, sino que es distinto, y eso irremediablemente conduce a cierta decepción.

En primer lugar, como suele ser habitual, la promoción ha hecho mucho énfasis en entroncar esta película en la línea de La Misión y Los Gritos del Silencio, dirigidas por Roland Joffé…hace 25 años. Entre aquellas y Encontrarás Dragones han pasado muchos años y varias películas por las manos de este director, que en ninguna de ellas ha llegado a estar a la altura de aquellas míticas producciones. No es sorprendente, por tanto que Encontrarás Dragones, contrariamente a lo anunciado no se parezca a La Misión y Los Gritos del Silencio. Joffé ha evolucionado y por tanto también su cine. No necesariamente a peor, pero sí hacia algo distinto.


        

En segundo lugar, en cuanto a su contenido, se ha hecho un gran esfuerzo en distanciar las expectativas sobre la película del concepto de “biografía” de Josemaría Escrivá. Esto es comprensible, porque una biografía cinematográfica no atraería más que a cierto público. Por ello el recurso cinematográfico ha sido el de entrelazar algunos aspectos e hitos de la vida de Josemaría Escrivá con una historia ficticia ambientada en la etapa de la guerra civil española, hasta el punto de presentar la película como si el núcleo de su contenido fuera esta historia paralela y, en concreto el concepto del perdón y su poder liberador para el perdonado y el que perdona. Y sin embargo también en esto lo que se encontrará el público es distinto: la historia ficticia de traición, amor y perdón de los personajes del relato paralelo no cobran el protagonismo necesario, ni se les dedica el metraje suficiente para ser el relato principal. Para que el perdón tuviera el impacto que se le atribuye en la promoción, la ofensa, el agravio, el dolor provocado tendría que haber sido más intenso, más dramático, más desgarrador, pero no acaba de aparecer así en toda la película. En realidad, el plato fuerte de la película son los retazos biográficos de Josemaría Escrivá desde su niñez hasta su salida de la España republicana a través de Andorra. Tampoco esto es necesariamente peor de lo que se afirmaba en la promoción de la película, pero, de nuevo, es algo distinto.


         

Yo habría salido más satisfecho del cine si se me hubiera presentado la película como lo que es, y probablemente me haría detenido mucho más en los innegables aspectos positivos que tiene, como la magnífica y cautivadora actuación de Charlie Cox, que es capaz de transmitir con una fidelidad asombrosa la alegría y el cariño que irradiaba su personaje en la vida real. A lo largo de toda la película nos deleita una y otra vez con una sonrisa sincera y profundamente amable que seguramente será una de sus bazas en su carrera interpretativa. Otro aspecto a destacar es el excelente tratamiento, tanto en el fondo y la forma, de la guerra civil, con una objetividad incontestable –ninguno de los dos bandos combatientes sale bien parado: ambos aparecen como igualmente malos, como no puede ser de otra manera en una guerra fratricida como aquella, en la que todos salieron perdiendo. Las escenas bélicas tienen en su sencillez, precisamente por ella, un gran realismo, sin grandes explosiones ni espectaculares hazañas épicas, sino siendo un fiel reflejo de un enfrentamiento descarnizado que destruyó las vidas de los caídos y de los supervivientes.