EL TSUNAMI ESPAÑA VISITA AL DOCTOR ROMPEOLAS EN JAPÓN

 





 
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EL TSUNAMI ESPAÑA VISITA AL DOCTOR ROMPEOLAS EN JAPÓN 

 

     (Fukuyama, Japón. Alrededores de una catástrofe natural. En la consulta, el doctor ROMPEOLAS es tsunameado entre sus paredes. Con las dificultades propias de un país que intenta entrar por una puerta estrecha, ESPAÑA introduce en la consulta sus montañas y Comunidades junto a sus ciudades principales. Entra cojijosa y cojitranca. Su tamaño es tal, que hay que dejar la puerta abierta si no queremos partirla en dos Españas: puerta afuera de la consulta están las aldeas, su piel antigua, y toda su historia exceptuando los últimos treinta y cinco años que se acomodan dentro.)  
 

ROMPEOLAS.- (Irguiéndose a duras penas, con piernas y brazos extendidos contra la pared, intenta contener el sismo que entra por la puerta) ¡Señor… 

ESPAÑA.-…  Señó, si no le importa. Somos de género e historia indeterminada. Además, azí rezulta máj graziozo 

ROMPEOLAS.- (Con sonrisa forzada pero cortés) Como quiera, Señó España.  

ESPAÑA.- (Acomodándose en la silla) Doctor. La Unión Europea al completo ha insistido tanto que aquí estoy. No he podido torearlos. Así que, para no oírlos más, pues he venido. ¡Bonito tenderete que tienen ustedes aquí! (Se ríe y la habitación entera tiembla con él. Luego, con actitud seria)  

ROMPEOLAS.- (Indignándose) Verá, ¿no cree que ya tenemos bastante con los terremotos, tsunamis y amenazas nucleares como para que usted venga a destrozar más? Aquí, hasta la misma tierra se asusta, y cuando empieza a temblar algo, lo que sea, ella tiembla más por el susto y todo empieza a romperse y… en fin. ¿Cuál es el motivo de su visita?  

ESPAÑA.- (Con gesto de no entender lo que ha oído) Bueno, verá. Como llevo una cojera desde hace… pues no sé cuanto… y cada una de mis regiones se queja y cree que la culpa es del otro… pues, eso, usted ya me entiende… (riéndose)… que usted tiene ojos de ser listo que te cagas. (Rompe en carcajadas y recompone enseguida una actitud entre resignada y rencorosa) Vengo a que me ayude.   

ROMPEOLAS.- (Arrellanándose en su sillón) Así que el problema es su cojera. Mm… eso está mejor. Centrémonos. ¿Tiene alguna radiografía nacional? ¿Se ha hecho una resonancia económica? 

ESPAÑA.-  Aquí  las tiene, doctor (Saca un pliego de Barcelona y otro de Madrid y se los pasa) 

ROMPEOLAS.- (Ojea los pliegos en actitud solemne y profesional) Usted tiene una artrosis. Una artrosis nacional crónica. (ESPAÑA agita preocupadamente a Cataluña y a Euskadi). ¡Haga el favor de estarse quieto! (Sarcástico) Como le dije hace un momento, ya tenemos bastantes temblores aquí, ¿no cree? Dígame, ¿le han visto otros especialistas?  

ESPAÑA.- Pues, verá. No sé si eran especialmente listos, como usted dice, pero aquí  tengo 98 informes firmados por el dermatólogo Azorín, el pío Baroja, el neurólogo Unamuno y el cardiólogo Ortega.  

     (ESPAÑA le entrega un grueso portafolios. El doctor ROMPEOLAS saca de su interior 98 informes y los lee a velocidad de Tsunami).  

ROMPEOLAS.- Mmm…  bueno, pero estas son dolencias antiguas. (Molesto) Como usted comprenderá, yo sólo me encargo de las dolencias modernas. Soy un doctor moderno que sólo dejo entrar dolencias modernas, como usted comprenderá. Además, usted es un país viejo, si no me equivoco… tenemos un Departamento Geriátrico que… 

     (Salamanca, Santiago de Compostela, Valladolid, Toledo, Teruel… forcejean tras la puerta por ver la respuesta de ESPAÑA, que se interpone entre la puerta y el Doctor ROMPEOLAS para evitar problemas) 

ESPAÑA.- ¡Se equivoca, doctor! Soy un país moderno y además joven. Demasiado joven como para sufrir estos dolores cada vez que me muevo y también cuando no me muevo.   

ROMPEOLAS.- Está  bien. En cualquier caso, como le decía, usted tiene una artrosis. Esta patología que hasta hace poco afectaba sólo a países viejos,  ahora empieza a cebarse en países más jóvenes. Sus síntomas empiezan entre los 40 y 45 años, que corresponden a su edad, si no me equivoco.  

ESPAÑA.-  Sí, desde la Constitución de 1978, cuarenta y cuatro años si queremos ser inexactos, como a mí me gusta. Desde que soy democrática y demoscópica, el gran dermatólogo Carlos J. Álvarez afirma que aparento una dermis de treinta y cinco y que es el mismo tamaño en centímetros cúbicos que mi microcefalia, que no sé lo que es.  

ROMPEOLAS.- Todo a su tiempo, si no le importa. Vayamos al grano. (Con actitud académica) Verá, la artrosis se caracteriza porque el cartílago que permite el movimiento de sus huesos se desgasta más rápido de lo que se repone. ¿Entiende? 

ESPAÑA.- Por supuesto que… No. Recuerde que bastante tengo con entenderme en más de cuatro lenguas, como para que usted ahora me hable en… ¿japonés?  

ROMPEOLAS.- (Arrellanándose en el sillón y comiéndose el borde de sus lentes) El cartílago que le permite desplazarse mejor, como la libertad, la expresión, las ideas, la tolerancia, la trasparencia, se desgastan más rápido de lo que se reponen. ¿Entiende? Por eso le cuesta moverse y cada vez que lo hace le duele.   

ESPAÑA.- ¿Ah? Y, ¿eso explica que, aunque me duela, no me queje mucho, sino que prefiera reírme y meterme con el vecino?  

ROMPEOLAS.- Sí, bueno… no exactamente. Esto es más una consecuencia de esa microcefalia que le diagnosticaron.  

     (La ESPAÑA tras la puerta y la interior se miran turbadas, tocándose por toda su geografía como buscando algo...)

     

Es normal que les cueste encontrar la cabeza. La microcefalia conlleva un crecimiento anormalmente pequeño del cráneo. (El doctor ROMPEOLAS descarga olas de tsunámica satisfacción por la consulta). Este mal congénito conlleva la venida inexorable de la quiditis 

ESPAÑA.- ¿La cuál? 

ROMPEOLAS.- Técnicamente, se define así:

     <<La quiditis aparece cuando un quid en un quídam no manifiesta un quesiqués ni un quid pro quo con los otros. Y, lo que es peor, disminuye ostensiblemente la aparición del quid divínum>>.

     En otras palabras:

     Una capacidad para quejarse de las respuestas debida a una incapacidad para hacerse preguntas útiles y eficaces, y ¡ni qué decir del genio!  

ESPAÑA.- Y, sea lo que sea, ¿tiene solución? 

ROMPEOLAS.- Enhorabuena. Vamos mejorando. Empieza a hacerse preguntas.  

ESPAÑA.- Entonces, ¿estoy mejorando?  

ROMPEOLAS.- ¡Por supuesto que no! Es una forma de hablar. Yo no soy un hechicero. El mejor doctor del mundo, tal vez, pero no importa. España ha de pasar por mí, por las manos del especialisto  más listo, porque usted, más que un país es una catástrofe, y nadie sabe más de catástrofes que yo… No en vano me han llamado a mí para resolver esta…     

     (De repente el aire estalla en estrépitos y gente gritando. La consulta sufre una sacudida creciente. La ESPAÑA moderna está  asustada: teme por sí misma pero también por la antigua que mira preocupada desde la puerta. No deja un sitio sin comprobar que todo esté bien. De pronto el doctor ROMPEOLAS, que está de pie, cae de bruces sobre Madrid. Barcelona y Valencia pliegan sus montañas y valles sobre Madrid para protegerla del golpe. En el revuelto de tierras y ciudades cubriéndose unas a otras, una lámpara del techo cae sobre Bilbao: la ESPAÑA antigua se mete en la consulta y se echa encima de ella para protegerla de más caídas. Un instante ínfimo después, se cae un armario sobre Barcelona y Sevilla corre a socorrerla. Toda la geografía extiende montañas y valles para protegerse y espera acechante a que nada le ocurra a ninguna otra. Miradas protectoras se alternan con miradas de agradecimiento en un aire de tranquilizadora preocupación. La sacudida disminuye hasta desparecer.) 

¡Maravilloso! ¡Maravilloso! ¡Esta es la solución! 

ESPAÑA.- (Saliendo de la turbación) ¿Qué quiere decir, doctor? 

ROMPEOLAS.- (Tsunamis de alegría chocan unos con otros, elevando crestas de agua que se cierran en ojos cóncavos, satisfechos y sabios) Usted necesita problemas, grandes problemas, de verdad. El aviso de una tragedia.  

     (ROMPEOLAS salta sobre el lomo y la panza de ESPAÑA) 

ESPAÑA.- (Entre jipíos de queja flamenca) ¡Pare, debe parar! ¡Nos hace daño!  

     (ESPAÑA lanza a ROMPEOLAS contra la pared con toda la fuerza de su pasado, presente y futuro, y con el embiste telúrico de toda su geografía empujando en la misma dirección) 

ROMPEOLAS.- (Con aire de ola revuelta) ¡Eso es, amigo mío! ¡Usted tiene la solución! ¿Se da cuenta? 

ESPAÑA.- Pues…  no. Disculpe, doctor, pero me hacía daño.  

ROMPEOLAS.- (Con gran satisfacción) Lo sé. Y aún no ha terminado.  

ESPAÑA.- (Vomitando) ¡Qué asco! (Vomita treinta cinco veces y luego se para) Ahora, me siento… ¿bien? No, me siento raro.  

ROMPEOLAS.- (Metiendo la cabeza en el vómito) Querida catástrofe, usted se siente… mejor. Mucho mejor, aunque no lo sepa. Mmm… En un momento, usted ha vomitado odios ancestrales, dolientes indolencias, pesimismos, envidias, rencores y, lo más importante, el odio a lo mejor, esa bacteria feroz que le había diagnosticado el cardiólogo Ortega.  

ESPAÑA.- (Muy sorprendido) Doctor, tengo la geografía revuelta. Y la política y la economía y la justicia están como hirviendo dentro de una misma hoya y no logro separarla en distintos sabores.  

ROMPEOLAS.-  Eso es muy bueno, ya lo creo. A partir de ahora usted no será  una catástrofe histórica, sino un país unido. Interesante, ¿no cree? Estoy tan… pero tan orgulloso de mí mismo, por supuesto.  

ESPAÑA.- Pero, ¿qué  debo hacer a partir de ahora?  

ROMPEOLAS.- Escuche bien y no lo olvide:

     Deberá  tener amenazas comunes. Y si no las tiene, véngase a Japón que nosotros les prestamos alguna. La única forma de ayudaros entre vosotros de verdad, de no robaros y de atreveros a poner la propia vida en riesgo para salvar al vecino, será cuando todos tengáis por igual terror a una catástrofe. El horror que sufriréis cuando la Madre Tierra os envíe alguna de sus pedagógicas advertencias, conseguirá que no olvidéis las auténticas prioridades. Sentíos amenazados y sobreviviréis y seréis grandes.   

     (ROMPEOLAS se despide entre dos crestas de olas rompiendo de satisfacción y se escapa absorbido líquidamente por el alféizar de la puerta. ESPAÑA permanece profundamente conmocionada. Todas sus partes se miran compartiendo en muda complicidad la enseñanza. Lagrimean algunas, compungidas y avergonzadas por haber sido tan estúpidas. Un mismo corazón une a ESPAÑA, entre risas llorosas y lágrimas festivas. Suena un móvil) 

ESPAÑA.- (Coge el móvil. Secándose las lágrimas) Sí, dígame… ¿Corruptela?... ¿eres tú?... ¿Qué tal? ¿Cuánto tiempo sin verte?... No me digas, ¿sí?... ¿Y tienes el número de Desfalco y también el de Cohecho?... ¿Dices de hacer una fiesta? ¿Todos?... Pero eso sería fantástico, nos reuniríamos todos y… (Suena un pitido  del móvil)… Un momento, me llaman por la otra línea… (Pulsa una tecla del móvil) Envidia, ¿eres tú?... Que ¿qué?... ¿qué sorpresa, de verdad? ¡Qué pena que esté tan lejos… pero estoy a punto de volver… sí, pronto! ¿Sabes algo de Odio?... no, no me refiero a odio al vecino, sino a Odio en general… ¿qué?... ¿que se fue de vacaciones con Rencor? ¿Será posible? No hay forma de que podamos coincidir… tengo tantas cosas que contaros… estoy en Japón, pero ya me voy para allí… ¿te imaginas la que podemos montar todos juntos?... ¿sí? ¿Tú crees? Eso sería genial… 

                     De acuerdo.

      Decidido.

                 Voy para allí. 

           Nos pondremos al día. 

               Un saludo a todos.

          Os quiero

               y,

             sobre todo,  

                             Os echo de menos.