Diagnosticar, pero no solucionar. Juan A. Velarde



 


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Diagnosticar, pero no solucionar


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El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife tiene exactamente el mismo problema que padecía en su momento el malogrado Adán Martín, ex presidente del Gobierno de Canarias. Esa tara se denomina el mal del perfecto diagnosticador de las dificultades, pero incapaz de ponerles remedio. El que fuera jefe del Ejecutivo entre 2003 y 2007 reconocía que las Islas estaban castigadas por la lacra del desempleo, pero en cambio no salía de su mente preclara una solución o, como gusta decir a los políticos de hoy en día, un pomposo paquete de medidas (faltaría por definir si pequeño, mediano, grande o extragrande como en las hamburgueserías).

Pues bien, este defecto lo sufre el Consistorio capitalino en materia de playas. El alcalde, Miguel Zerolo, reconoce que la situación de las zonas de baño es calamitosa y, por ejemplo, ya se da por perdida la temporada de baño en Las Gaviotas y en Igueste de San Andrés. Sí, el primer edil hace un diagnóstico perfecto del panorama. Hay peligro de derrumbes por las lluvias de noviembre y diciembre y por eso se cierran ambas playas, pero ¿y las actuaciones a acometer? Nada, ya llegará su momento, no hay prisa mi hermano (que dirían los cubanos o los dominicanos). Nada, total, ¿para qué te vas a estresar? Si sólo son unos cuantos miles de santacruceros los que se pirran por ir a hacer windsurf o poner sus desnudos cuerpos al sol que más calienta. Una bobada, mire usted.

La cuestión es que Las Gaviotas es una instalación que lleva años sumida en el más absoluto de los abandonos. Es una playa cuyo único acceso ha sufrido innumerables parches, máxime después del megadestrozo acontecido con el temporal del 31 de marzo de 2002. Es más, el Ayuntamiento se negó por activa y por pasiva a arreglar el estropicio, aunque al final, con ayuda estatal, se rehizo la carretera y se puso alguna medida de seguridad, pero poco más.

Sin embargo, quienes conocemos bien la orografía de Anaga podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que lo que ha sucedido en esta playa, así como en la de Igueste de San Andrés era la crónica de un cierre anunciado. El tránsito de vehículos es más que intenso, especialmente en las buenas épocas meteorológicas, y el terreno no es nada estable. Uno se pone a contemplar la ladera existente entre Las Gaviotas y la zona de la carretera que conduce hasta el pueblecito de Igueste y lo cierto es que impresiona como la naturaleza ha conseguido tal equilibrio. Pero claro, todo lo que puede ser maleado por la mano humana acaba convirtiendo una obra de la geología en un caos de dimensiones bíblicas.

Está genial velar por nuestra seguridad y multar a los descerebrados que en pasadas fechas retiraron las vallas para bajar a la playa, pero no me conformo con tener esa actitud contemplativa y descriptiva. Hagan algo, operen, muévanse, pero Santa Cruz no merece quedarse sin uno de los pedazos de costa más apreciados y mucho menos por un tiempo indefinido.







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