Calidad educativa a la deriva. Juan A. Velarde


Calidad educativa a la deriva

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¿De qué calidad educativa habla la señora Milagros Luis Brito? ¿La de esos alumnos que pasan de curso aunque les haya quedado un carro de asignaturas pendientes? ¿Tal vez la de estudiantes que no tienen que esforzarse, sino que con dos trabajos chorras, seguramente además plagiados de internet, para poder obtener una buena calificación? ¿O tal vez la consejera de Educación se refiere a esas casi 3.500 bajas de profesores que se han venido produciendo desde 2009 y que, pásmense ustedes, no se han cubierto porque el departamento de Doña Milagritos no consideraba necesario poner a un sustituto? Para nada, reparto de alumnos por el centro (los más pequeños) y si no a la calle o al patio a jugar (los más creciditos).

Este es el verdadero problema de la educación en Canarias, que no va, que falla desde la base y los burócratas, perfectamente acuartelados en su castillo de cristal, son inmunes a la crítica, les resbalan los informes, los estudios perfectamente acreditados sobre lo que hay que hacer y, en último término, si desde Europa te meten un ‘Pisotón’, entonces la culpa la tienen, cómo no, los solícitos padres, que ahora, sin ellos saberlo, ejercen de profesores a tiempo parcial, rebuscando minutos entre lo que les queda de desplazarse al trabajo, volver del mismo, currar ocho horas, alimentarse y dormir.

Los padres están, en todo caso, señora consejera y señor presidente del Gobierno canario, Don Paulino Rivero, para intentar guiar a sus hijos por la buena senda, inculcarles lo importante que es la cultura del esfuerzo, el sacrificio, las ganas de luchar por ser el número uno o al menos estar en el pelotón de los destacados, pero no todos pueden echar una mano a sus hijos con los deberes porque, sencillamente, no tuvieron la fortuna de contar con estudios. El padre o la madre, insisto, pueden ser perfectos motivadores, pero no unos Espasa Calpe o Larousse con piernas.

Pero claro, ¿qué esfuerzo le podemos exigir a los docentes si te enteras, por ejemplo, de que al profesor de inglés le ponen a suplir al de matemáticas y éste, a su vez, acaba dando literatura porque a este último se ha roto la pierna y tiene que estar dos meses de baja? Las aulas están rematadamente saturadas, los maestros no dan avío y encima de bregar con sus 25-30 alumnos, por ejemplo, les meten diez o quince más que, en el mejor de los casos, acaban pasando la hora dibujando o haciendo una serie de problemas o análisis sintácticos que el profe sustituto ha buscado deprisa y corriendo.

Esta es la calidad educativa que proclama y esgrime como un logro la señora Milagros Luis Brito, una estafa de marca mayor que no hay quien se crea. Si incluso, para lograr la cuadratura del círculo, hay denuncias de sindicatos que revelan instrucciones precisas para que los docentes no abran en exceso el grifo de las cucurbitáceas. Dicho de otra manera, de cara a Pisa, quieren trampear los resultados, pero no les va a valer. En Europa, afortunadamente, los tests de calidad se hacen de otra manera porque ya conocen las pillerías que se aplican en determinadas comunidades.