Blanco: La ineptitud nevada. Juan A. Velarde




 




Blanco: La ineptitud nevada

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El Gobierno de las improvisaciones es incapaz de dotarse de los medios suficientes para evitar que el viernes en la tarde, una de las principales vías de acceso a Madrid, la A-6, conocida tradicionalmente como la carretera de La Coruña, sufriese uno de los mayores atascos conocidos por mor de una nevada que, pásmense ustedes, llevaba tres días anunciada por los meteorólogos. Pero así funciona el Ejecutivo. Es capaz de tener preparadas las pegatinas del todo a 110 (kilómetros a la hora, claro), pero no tiene la previsión logística de poner las máquinas quitanieves o llenar la vía de sal para evitar, precisamente, el caos que se generó por espacio de horas.

El Ministerio de Fomento, competente en este aspecto, afirma lacónicamente que no pudo actuar ante la rapidez con la que se produjo el hecho. Pero, vamos a ver, ¿de qué celeridad habla usted si este fenómeno climatológico estaba ya anunciado? Es de risa lo de este departamento, con Pepiño ‘combustibles’ Blanco a la cabeza. Una vez más, y no será la última, a esta área del Ejecutivo de Zapatero la han cogido en ropa interior o directamente sin ella.

Hace varias décadas, cuando los medios de comunicación eran los que eran, dos mal contados y todos controlados por el mismo, posiblemente podíamos hacer pasar desapercibido un incidente de estas características. Total, ¿quién se iba a enteras? Sin embargo, no sólo es que hoy existan más plataformas mediáticas (aunque ZP quisiera tenerlas también todas en su puño), sino que los propios ciudadanos, con esos teléfonos de ultimísima generación, con Ipads y cacharros similares pueden hacer llegar hasta el último rincón del planeta (y hasta La Luna si me apuran) el acontecimiento que están viviendo o padeciendo en esos mismos momentos y en cuestión de milésimas de segundo.

La imagen de que debemos dar de cara al exterior puede tener muchos calificativos y ninguno de ellos positivo (échenle hilo a la cometa y salen unas decenas de ellos). Solamente me pongo en la piel de un estadounidense que resida en Chicago o en el estado de Illinois. Allí están habituados a temperaturas invernales de no sé cuantísimos grados bajo cero, a nevadas para aburrir al mismísimo Papá Noel y su corte de renos. Sólo sufren colapsos cuando la situación ya se pone imposible, con varios metros de espesor.

Aquí, en cambio, bastan dos copos de nieve para que se organice la de San Quintín, algo lógico además porque, dicho sea de paso, entre la inutilidad de Fomento, y las campañas de la Dirección General del Peatón (el último anuncio radiofónico es para tirar cohetes) aquí no hay quien vele por los derechos del conductor. Sólo interesa recaudar, recaudar y recaudar. Eso sí, Blanco aún no ha llegado al absurdo de Maleni (Barajas es muy grande y eso pasa porque los ciudadanos quieren salir en vacaciones), pero todo se andará (nunca mejor dicho y a no más de 110 por hora).