Barba...ridades. Juan A. Velarde





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Barba...ridades

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¡Qué pena para lo que ha quedado el señor Gregorio Peces-Barba! Este caballero, socialista de carné, tiene demasiado tiempo libre y, debido a su avanzada edad, sólo le transitan por la cabeza pocas y caducadas neuronas y, claro está, si por tu cerebro sólo transita eso, lo lógico es que el tránsito verbal que acabes produciendo sea similar al que se evacua por el ano. Aun así, siempre habrá alguien que te preste una tribuna para soltar espumarajos por la boca y uno de esos fieles ‘prestamistas’ es El País, que hoy aparece drapeado con un artículo de este jurista y catedrático que no tiene desperdicio.

Desde luego, lo que produce verdadera repugnancia y un asco hasta el vómito es que el señor Peces-Barba se digne a darnos lecciones de verdadera democracia y que su primera enseñanza sea la de que los madrileños tienen que evitar los casposos de la derecha, los herederos de Franco o la marquesa Esperanza Aguirre sigan en el poder, que hay que echarlos (no dice cómo) porque el PSOE no hizo ni la Transición ni la Constitución para que estos tipos estén en el poder.

A ver, Gregorio o Grigorito (como le gusta decir a mi amigo Padrón Sabina, don Juan Antonio), ¿tú qué entiendes por democracia? ¿qué gane solamente el PSOE? Es evidente que cuando estuviste junto con los otros seis padres redactores de nuestra Carta Magna te quedaste dormido en algún punto crucial o, peor aún, no te has leído el texto constitucional porque me parece increíble que sueltes todas esas baboserías por la boca. ¿O es que acaso buscas un nuevo apartadero después de haber hecho del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo la casa del tócame roque y conseguir que ETA fuese aún más fuerte?

A mí, desde luego, me hacen mucha ‘gracia’ estos personajes que se enorgullecen de estar investidos de una túnica de púrpura democrática, pero que a las primeras de cambio se les ve con demasiada facilidad su rejo autoritario y, lo que es peor aún, que en su árbol genealógico tienen antecedentes claros y fehacientes sobre el modo en el que se debe tratar a las personas discrepantes. Su propio padre, muy socialista él, encubrió en la Segunda República la muerte del comunista Andreu Nin. ¿El motivo? Que no pensaba como el resto de socialistas y, por tanto, había que pasarlo a cuchillo o mandarlo al paredón, a sabiendas además de que se estaba actuando en contra de la legalidad.

Resulta penoso que casi 80 años después se siga pensando de una manera tan sectaria. Uno puede discrepar sobre el PP, PSOE o IU, pero lo que no es tolerable bajo ningún aspecto es considerar a nadie heredero de no sé qué golpe de estado o qué dictadura. Mal vamos cuando para derrotar a Esperanza Aguirre hay que rescatar de los túmulos a los muertos del franquismo (pero sin tocar a los que los republicanos, con Carrillo al frente, se cargaron también de manera impune). Lo que pasa es que, a estas alturas, no podemos esperar nada bueno de un señor al que también le molestan las iglesias. Pues nada, que le hagan embajador en Libia o en Pakistán, que seguro que allí va a estar muy a gusto.







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