BREVE AUTOPSIA DE UN BEBÉ LLAMADO REPÚBLICA. Carlos J. Álvarez

 


 
 
   BREVE AUTOPSIA DE UN BEBÉ LLAMADO
REPÚBLICA 
 


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 A España le faltó  un Descartes

           Rafael Flores 
 

     El 14 de abril del año 1931 nació la República española.

     Si hacemos caso a los historiadores que asignan una naturaleza biológica a la historia, podríamos decir que la República murió a causa de un nacimiento inoportuno: Un bebé prematuro nace frágil sin madurar; uno que se demora, no morará. La sabia naturaleza lo entrega a la vida sólo cuando sus órganos están maduros y preparados para enfrentarse al mundo. Si el bebé nace en Etiopía necesitará además venir con la melanina necesaria para protegerle del Sol, y si nace en Escocia unos labios finos le ayudarán a conservar el calor.

     La República vino al mundo con órganos atrofiados, y por ello tanto políticos como entusiastas de la libertad la medicaron mal. Tuvo como madre a la Santa Madre Iglesia y como padre a la progresía liberal. Su madre no creía en el aborto y sin embargo no la dejó vivir. Por el contrario, su padre creía en el aborto y fue fiel a sus creencias: tenía derecho a cortar su vida y así fue: la hirió de muerte para que su padre pudiese rematarla.

     Fue un bebé hermoso. En el calendario histórico de occidente apenas encontramos parecidos bien lejanos. Heredó de Malasaña, su abuela paterna, el gen de la rebelión popular. Un gen concebido en los barrios que lanzaron macetas y muebles al ejército napoleónico y que luego dio paso a la guerrilla: la primera forma de ejército invisible que conoció occidente. Un gen inspirado en el valor espontáneo que dio origen a la insurgencia popular: la más pura forma de rebelión, muy superior a esas revoluciones orgullosas que llenan los libros, pagadas con cheques y avaladas con venganzas.     

      Como a veces ocurre con los matrimonios mal avenidos, uno de ellos (en este caso, el padre) pensó que los desencuentros verían su fin con el nacimiento feliz de un hijo. Éste se esperó con temor y recelo, pero cuando vino al mundo y dio su primer grito, todos se estremecieron. Con alegría al principio y con odio al final. La alegría se perdió, pero, ¿qué fue de esa mezcla de impotencia, envidia y rabia que un poeta resumiría calificándolo de odio entre hermanos?  

      Si España hubiese sido un país moderno, habría buscado una solución moderna. En un matrimonio como aquél, con una bulimia de disensiones y con pocos y ocupados amigos en Europa, tan sólo podría esperar ayuda de un consejero matrimonial. Pero este consejero, llamado Descartes, hablaba en un idioma llamado Razón, que todos desconocían. Nadie había oído hablar de ella: tan sólo supimos que nació de la unión de varios dialectos extraños y bárbaros: lógica, sensatez, templanza, comprensión, análisis, causa-efecto, ciencia… apostasías de la pasión tanto clerical como liberal, cuyo exceso alimentó su mutua destrucción.     

      Ahora, a vista pasada, los conservadores piensan que la república fue un cúmulo de rojas atrocidades, y los liberales piensan que los conservadores la destruyeron. Estos últimos mienten y aquéllos no llegan a tener razón. ¿Por qué? 

      Lo más hermoso de la república española fue el sueño de creer que el español podía convertirse en el primer ciudadano del mundo. Para que el anarquismo tuviese éxito, debía de cumplir el aserto de Aristóteles que definió al sabio <<como un hombre que se gobierna a sí mismo>>, es decir, <<sé causa de ti mismo>>, y en ningún lugar antes el anarquismo fue tan inocente, tan puro, tan efímero. De no ser tan hermoso lo que nació, no habría sido atacado tanto por la derecha como por la izquierda, porque fue la izquierda reaccionaria la que destruyó el sueño libertario que sirvió de justa excusa para que la derecha reaccionaria acabase apoyando el levantamiento franquista. No apoyaremos la forma como lo mataron, pero la muerte sabía de su escaso entrenamiento para el éxito, y por ello la esperaba. Aún así, no quita un ápice a la belleza del sueño, a la sinceridad de su intención; en su interior latía desconocido el sueño imposible de una sociedad no platónica: no dirigida por sabios, sino vivida por sabios no dirigidos. 

      Por ello, Descartes cree que resulta ociosa la mutua acusación, ya que tanto un lado como el otro habrían acabado con la República. Un bebé que no supo defenderse de unos padres primerizos en la razón pero bien experimentados en el rencor y el desencuentro. Hija de dos formas de la tiranía, por la tiranía habría vivido y por ella habría muerto.  
 
 

      Somos verdugos que ejecutan con hachas prestadas, tomadas a las víctimas que antes nos persiguieron. Siendo responsables de las culpas heredadas y con la lucidez como espada, tendremos el valor moral de juzgar el mundo que heredamos de aquélla catástrofe. Sin temor a no equivocarnos, podremos decir lo siguiente: 

     El 1 de abril del año 1939 se nos murió España. Que lo sepan en Europa. Ya no tendremos catedrales laicas y tampoco niños cartesianos. Antes del año 1939 España aún era un viejo que quería ser joven. Sin nostalgia y con manos a la obra.

     ¿Por qué no podía ser?

     Despojarse del luto todos juntos. Con el militar llevando el féretro de A. Machado y el maestro de escuela enseñando a Descartes a la señora gastada de hijos y marido; tal vez el anarquista de copas con el ex banquero. Nos arrebataron la última adolescencia, la posibilidad de presumir hoy de algunos cientos de abuelos lúcidos. Fue una generación perdida ¾porque nosotros la tuvimos antes que los yanquis¾ que educó después a algún país que no fue el nuestro, y con ello exiliamos nuestros sueños en nombre del pasado. El Alzheimer y su amnesia no es sólo una enfermedad individual: es una enfermedad social. Nos dejaron sin memoria, <<Por Dios>> nos dejaron sin memoria. ¡Qué ironía! El país quizá más viejo de Europa hoy quiere olvidar: quiere estar enfermo. No puede soñar un futuro, sólo puede aguantarlo, porque no tiene lo que fue. España se puso el hábito y se maquilló con autismo y tapeos. El miedo, el tiempo y algunas autojustificaciones entre rezo y rezo siempre ayudan a dar la espalda. ¡Qué más da! ¡Eran rojos! Y con un sencillo exabrupto escondimos nuestros miedos y también nuestras culpas con el auspicio y la ayuda del Vaticano de Stalin y la Plaza Roja del Papa. Todo lo que al fin pudimos ser, ya no será más. Y es justo que así sea. Se ha necesitado mucho odio, envidia y pasión para llegar felices al día de hoy. ¡Europa! Aquí estamos. Los antaño cotilleos de sobremesa y sobremisa ahora pueden correr por Internet y los canales de telemasturbación. Lobotomizados pero jurando por Dios y la Santa Madre Iglesia que la Operación Triunfo tiene nueva edición. No seremos malos nunca más. Europeos: Generad dinero tranquilos. Debajo de los Pirineos, los viejecitos no volverán a escaparse. El geriátrico hispano tiene cerrojos de última generación y siempre obedecen a sus enfermeros. España, por fin, no fue nunca lo que hoy es y llegará a ser. Y ahora, por favor, cantad conmigo: 

     ¡Arriba, hermanos, a vencer, que España se vuelve a adormecer!


 






Comentarios hacia esta página:
Comentado por Angelo Olivier( ), 24-04-2011, 13:13 (UTC):
Excepcional texto, Carlos



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