Apostolado socialista. Juan A. Velarde



 



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Apostolado socialista


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Dicen que siempre queda donde hubo y en el caso de Santiago Pérez quedará socialismo porque pasó una larga temporada a la sombra del PSOE. Y ese es el quid de la cuestión, que la impronta socialista resulta prácticamente indeleble, no hay forma de sacarla ni con un ejército de espátulas. No es que el hecho de pensar, pertenecer o actuar acorde a los criterios de los socialistas sea malo en sí mismo, sino que hay aspectos congénitos, que vienen insertos en su ADN y que les impiden ver la viga en ojo propio, pero sí la paja en el ajeno. Y este comportamiento lo reproduce fidedignamente el señor Pérez que, a pesar de haber abandonado el PSOE, sigue pensando de manera totalitaria y, lo peor de todo, creerse que es el despachador oficial de credenciales de democracia.

Comenta el candidato de Socialistas por Tenerife a Radio San Borondón que “hay países con una larga tradición democrática en donde son impensables situaciones como las vividas en torno al caso Salmón, que afectó a José Manuel Soria (PP) cuando era presidente del Cabildo de Gran Canaria, o el caso en el que Paulino Rivero (CC) siendo presidente del ejecutivo canario intercedió ante el alcalde de Arona, José Alberto González (CC) para que este enchufara a una sobrina suya en el policía local. En Francia o Alemania se ha obligado a dimitir últimamente a altos dirigentes gubernamentales por cuestiones de menor calado que estas, o cómo altos cargos de la República Francesa, incluso presidentes, han sido procesados por haber adquirido su vivienda de un promotor amigo a un precio inferior al del mercado”.

Resulta cuando menos curiosa la memoria selectiva, sectaria y hasta caducada de Santiago Pérez. Para empezar, y si ánimo de ser exhaustivos, la Justicia acabó probando la inocencia de José Manuel Soria en el llamado caso Salmón, interesado artificio movido por el PSOE y por cierto periodista sosomán que, incluso, se puede volver en su contra. Sí es verdad, en el caso de Rivero, que existieron las llamadas en las que el presidente del Gobierno tenía un interés creciente en saber cómo iba el proceso selectivo de su sobrina en unas oposiciones a agente local en Arona, todo un escándalo de mayúsculas proporciones porque no sólo se daba pie a que el resto de concursantes pusieran el grito en el cielo, sino que el propio jefe del Ejecutivo, con la connivencia del alcalde, le daba una patada hasta la estratosfera a la Ley 30/1992 del Procedimiento Administrativo.

Pero bien, dicho esto, vamos a recordarle al señor Pérez una serie de nombres de aquí y de fuera que, según su criterio, tampoco deberían seguir en su sillón. Se me ocurre, para empezar, lo acontecido con Casimiro Curbelo y toda su trama mafiosa de contrataciones a dedo y a cambio de sustanciosas comisiones. Sigamos luego con Manuel Chaves y toda la panoplia de escándalos surgidos en su entorno familiar con su hija Paula y su vástago Iván, un comisionista de reconocido chantaje al 40% de interés. ¿O qué decir del caso José Bono, con la hípica y más casas en propiedad que las que puede tener cualquier inmobiliaria? ¿Y les suena a usted, señor Pérez, los nombres de Felipe González, Corcuera, Vera, Sancristóbal, Rubio, Aida Álvarez….? Pues vaya, todos estos han metido la mano en la caja y se da la curiosa coincidencia de que pertenecen o han pertenecido al PSOE. Sin embargo, casualmente, jamás le visto hacer apostolado en contra de estas actitudes. Lo que yo digo, lo llevan implícito en su ADN, aunque dejen el PSOE. Lo de ver la paja en ojo ajeno…no lo de robar (aunque a veces ambos aspectos son coetáneos y coincidentes).









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