SOBRE FINES Y PRINCIPIOS. Grissela Pérez








 

Vivo en Elgin, un suburbio de Chicago, en el estado de Illinois, EEUU. Pretendo contarte, desde aquí, esas pequeñas cosas que sorprenderían a cualquiera que se enfrente por primera vez con una cultura diferente a la suya. Espero que lo disfrutes.







SOBRE FINES Y PRINCIPIOS


Parece casi obligatorio hablar de ello. Lo sucedido en Japón es de tal magnitud que si los japoneses fuesen mayoritariamente cristianos, habrían observado cómo los cuatro jinetes de la apocalipsis cabalgaban frente a ellos, representados por una naturaleza que les enseñaba los peores augurios que pueden mostrar el agua, la tierra, el fuego y el aire. ¿Quién iba a imaginar que el Sintoísmo –su religión predominante- iba a salvarlos de tsunamis, terremotos, explosiones volcánicas y estallidos nucleares? Porque si hubiesen sido cristianos habrían visto llegar el fin del mundo tan preconizado últimamente… ¿o no es así? Ironías aparte, cuando apenas nos encontramos en el año anterior al tan mentado 2012 ¿nos protegen  nuestras creencias profundas frente a las adversidades, o bien el ser humano saca del fondo de sí mismo lo que realmente es, para encararlas? ¿nuestro comportamiento está predestinado, depende de lo intangible, o nuestro sentido de la supervivencia animal toma las riendas de la situación por nosotros? Lo más obvio se halla en una palabra: nos adaptamos. Aunque las consecuencias que acarrea ese proceso puedan ser tan brutales como la mismísima alteración de ése código genético que estamos movidos a salvaguardar. Y hablo de los efectos nucleares que serán permanentes en la población nipona. Algo que ya han padecido con anterioridad, lamentablemente.

Es sintomático que a los emigrantes les pase lo mismo y no quiero, con éste comentario, herir la sensibilidad de nadie. Menos aún a las gentes del Imperio del Sol Naciente, que bastante desgracia tienen con la que les ha caído ya encima. Pero sí quiero apuntar aquí esa confluencia curiosa de hechos que nos obliga a intentar sobrevivir en un medio que sentimos de entrada como adverso. Aunque en la emigración exista asimismo ese componente de voluntariedad o tesón que difiere notablemente con lo sucedido en Japón. El hombre da, a veces, un paso hacia adelante como símbolo de un cambio de rumbo y como expresión del deseo de un destino distinto. De nuevo, los resultados pueden ser catastróficos y, sin embargo, el proceso de adaptabilidad funcionará resolutivamente.



Nadie sabe lo que le espera cada mañana al levantarse, sin embargo, el instinto de conservación unido a un carácter decidido puede llevarnos más allá de lo esperado, sin importar las circunstancias en las que nos encontramos, seamos japoneses, emigrantes o el resto del planeta. Dice un proverbio árabe que quien siembra un hábito recoge una costumbre; quien siembra una costumbre cosechará un carácter y quien tiene un carácter  determinará su destino. Y si a alguien le quedaba alguna duda sobre ello, no tiene más que ojear las noticias acerca del mundo árabe a partir de los últimos cuatro meses. Porque su sino no parece estar definido todavía aunque tenemos la certeza de que lo que observamos es fiel reflejo de ése carácter al que hacíamos antes alusión.

En fin, que en este cuarto mes del año, no todo lo que empieza termina, ni todo lo que acaba dará comienzo a un tiempo más esperanzador. Si bien la solidaridad se palpa, se oye en los medios de comunicación, se ejecuta incluso desde los gobiernos o aun a pesar de ellos, inmersos ya en ése “aire cálido de abril” –como Alameda-, casi “como esperando abril” –a estilo Silvio Rodríguez- y preguntándonos “¿quién me ha robado el mes de abril?” –como Sabina-. Dicen que la música amansa las fieras y espanta los demonios, así que mejor haríamos abriendo un libro –mejor éste mes que ningún otro-, y contagiémonos del espíritu cervantino o shakesperiano, por ejemplo, un veintitrés, como si nada tuviese principio ni fin.


 





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