¿SABES ESCUCHAR?. Sabina Roleff





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¿SABES ESCUCHAR?


¿Te tienen que repetir cuando te hablan?

¿Se quejan de que ya te lo dijeron?

Cuando terminas algo y lo entregas te dicen, “¡eso no fue lo que te pedí!”

¿Se te olvidan las cosas? (a corto plazo)

¿Tienes que volver a preguntarle el nombre a una persona que te acaban de presentar? 

      Pues si te pasan estas cosas o alguna de ellas, lo que viene a continuación, te interesa.

      Porque todo esto son señales de que no sabes escuchar.

      Porque saber escuchar nos puede ahorrar muchos disgustos y muchos malosentendidos... 

Oímos, mejor o peor, pues es la capacidad fisiológica.  Podemos oír perfectamente lo que dice un chino, pero no necesariamente lo entendemos.  Para eso necesitamos saber chino.

Escuchar es otro cosa, es algo más.  Escuchar es oír e interpretar, es entender a quien nos habla. 

Escuchar bien es estar atento, no distraerse.  Mirar a la persona que te habla.  Asentir.  Dejar de suponer, de creer que ya sabemos lo que nos va a decir.  Dejar a un lado el ‘run-run’ que llevamos dentro.  Meternos en los zapatos de la persona que nos habla.  Olvidarnos de nuestra necesidad de hablar o de nuestra necesidad de tener la razón.  Estar con el otro en vez de estar preparando lo que vamos a decir.  Hacer preguntas para evidenciar nuestro interés o para aclarar alguna duda o para precisar algún dato. 

Si tú me dices..., “¡me duele la cabeza!”..., y yo te contesto...

“¡Ay, chica! ¿Te gusta esta libreta tan práctica que me compré hoy?”

¿Cómo te sientes?

Probablemente tengas la sensación de que lo que te pasa no me importa lo más mínimo.  O lo que es peor, puedes pensar que no me importas. 

Si tú me dices..., “Oye, preciosa, ¿salimos esta tarde?”, y yo te contesto...“Vale, vamos a ver la última de George Clooney, que dicen que está muy bien.”

No te sientes escuchada. 

Estoy suponiendo que tu, igual que yo, quieres ir al cine. 

Y si el niño llega a casa y le dice a su madre llorando.  “Mamá, en el colegio la seño me castigó.”  Y la madre le replica: “¡Qué habrás hecho!”, en vez de preguntarle qué pasó, cómo se siente..., ese niño, quien quizá no tuvo la culpa de nada o sólo de una parte, a su forma puede sentir que su madre no se ocupa de él, que da por hecho que la maestra tenía razón. 

Cuántas veces hemos escuchado eso de... “mi marido no me escucha”, “mi jefe no presta atención a lo que digo”.  Pues eso no es bueno ni para la relación de pareja ni para tener motivado al trabajador o trabajadora.   

Todo esto y mucho más lo puedes aprender y practicar este domingo, día 8 de mayo en un taller de Escucha Efectiva.

¡Estás invitado/a!

Toda la información la puedes encontrar en mi web. 

Para terminar, si queremos hacer algo para mejorar nuestra escucha o para comprobar si hemos escuchado adecuadamente, sugiero algo muy sencillo. Repetir con otras palabras o resumidamente lo que me acaban de decir.  Por ejemplo: “Perdone caballero, entonces usted me dijo que siguiera recto, que doblara en la tercera bocacalle a la izquierda y que cuando llegara a una farmacia, torciera a la derecha”. Es lo que se llama parafrasear. 

A modo de resumen, se trata de que escuchemos al otro con todo nuestro cuerpo, estar al 100 % con el otro, no sólo con los oídos; que le dediquemos nuestra atención, dejando de pensar en nuestras cosas; que sintamos cómo se siente y que dejemos que se sienta protagonista e importante; dejar de suponer o de anticiparnos.  Y si hay dudas: preguntar, parafrasear o resumir.

¿A que a ti te gusta cuando sientes que te escuchan así?

 

PARA MODELAR TU MENTE Y APRENDER A PENSAR EN POSITIVO

Lleva esa lista contigo y añade cada palabra positiva que escuches o que se te ocurra y que aún no esté en tu lista.

(continuará...)