¿Por qué no quieren investigar?. Juan A. Velarde



 



¿Por qué no quieren investigar?

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¿Qué miedo tiene la señora Pilar Manjón a que se investiguen los nuevos indicios relacionados con la mayor masacre terrorista que ha conocido la historia de España? ¿Por qué esta representante de sí misma (porque no tiene siquiera la categoría de poder representar siquiera a los vecinos de planta de su comunidad) alza el cuello para expresar a gritos que dejen ya a los muertos en paz? ¿Por qué este personaje se cree el ombligo del mundo y no respeta las ansias de otras familias que desean conocer la verdad y nada más que la verdad? ¿Quién está o estaba detrás de la señora Manjón? ¿Tal vez fue el parapeto utilizado hábilmente por la propaganda pijaprogre y titiriceja mientras había una causa que juzgar y después fue desechada cual residuo orgánico?

Son muchas las cuestiones que subyacen en el séptimo aniversario de la matanza de Madrid, donde 192 personas vieron truncadas sus vidas por la acción de unos asesinos (lo de que si fue o no fue la ETA me da exactamente igual, son unos terroristas que no entienden de otra cosa que no sea activar unos explosivos) que, a día de hoy, no son todos los que están entalegados. Hubo cómplices necesarios, tontos útiles que sirvieran a la causa de algún que otro sanguinario que está riéndose a mandíbula batiente viendo como cuatro pringados han sido los que han ido a parar a la celda.

Independientemente de las teorías de la conspiración, aún no sabemos, según la sentencia del 11-M, quiénes fueron los autores intelectuales de esta masacre en la capital de España. Cuatro moritos (dicho sea sin ningún sesgo racista) y dos aldeanos asturianos (también expresado con todo el respeto) no tienen ni por asomo la capacidad organizativa suficiente para montar el mayor atentado que ha conocido nuestro país en toda su vida. No es creíble, lo diga Gómez Bermúdez o el Santo Padre.

Por eso, choca bastante ver al Gobierno de España, al Rubalcaba de turno, ponerse de los nervios cada vez que sale una pequeña prueba, un mínimo indicio, por nimio que parezca, que pudiera motivar la reapertura de las investigaciones y de que, finalmente, tuviese lugar otro juicio. Es que, señores míos, no lo entiendo ni creo que tampoco nadie con dos neuronas de frente. Si tenemos la ocasión de poder tener sobre la mesa todos los cabos que ahora están sueltos, al contrario de lo que piensa (o le hacen pensar) a Manjón, no me resigno a quedarme con la versión oficial.

Qué mejor ocasión que ésta, ahora que han surgido nuevas pistas, que enterarnos de todos los aspectos que han rodeado a la matanza más grave que ha habido en España. Lo que pasa es que estamos rodeados de personajes (y personajas) abyectos, que piensan que la vida de sus hijos valía más que la de los demás, amén, por supuesto, de dejarse comprar por un encantador de serpientes que es capaz de saltarse la ley, incluso, con su propia empleada del hogar.