¿Pato cojo? No, ganso irresponsable. Juan A. Velarde





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¿Pato cojo? No, ganso irresponsable


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El presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, no es que sea un ‘pato cojo’, sino un verdadero ganso, un imprudente, un inconsciente, un frívolo y un desahogado. Salir, una vez más, en La Sexta, esta vez con la antipática de Eva Hache, que tiene menos gracia que darle a alguien en la cara con un calcetín sudado, a decir que el tema del paro, que los cinco millones de desempleados, no son responsabilidad suya, es para que, acto seguido, hubiese entrado un psicólogo o toda la parentela de Sigmund Freud a llevárselo del plató. Sólo un esquizofrénico podría abonarse a ese juicio del jefe del Ejecutivo, ver una realidad fantasiosa que nada tiene que ver con lo que se vive.

De todas maneras, a nadie nos extraña que ahora Zapatero se pasee de aquí hacia allá presumiendo de los compromisos no cumplidos. Si cuando ha tenido responsabilidades, ha actuado como un verdadero irresponsable, pues ahora que ya está decidido que no repetirá como cabeza de lista en 2012, su misión principal se basa en buscar un papel en el Club de la Comedia o de extra en alguno de los programas de La Sexta. Cualquier día, dado el gamberrismo del que hace gala esta cadena, igual lo hacen pasar por el doble de Mister Bean en una recepción de Su Graciosa Majestad la Reina de Inglaterra.

Nadie con dos dedos de frente puede apostar por este caballero y ponerlo al frente de una asesoría de una gran empresa. Sus predicciones, después de las dos tardes de economía con Jordi Sevilla, seguirían fallando más que una escopeta de feria, pero también tendría la santa caradura y los bemoles de, por ejemplo, espetarle a Botín a medio palmo de su cara que la culpa de que los beneficios del Banco Santander hayan caído es de la muerte de Bin Laden.

Zapatero, después de marzo de 2012, no es que vaya a ser un cadáver político, es que directamente se convertirá en cenizas, en microscópicas partículas que se esparcirán por el aire. Ni siquiera podrá optar al puesto del Abuelo Cebolleta porque ese lugar lo tiene bien cogido y agarrado Felipe González, el dóberman que siempre suelen soltar en época electoral los dueños de la finca socialista para que ladre y muerda a la derecha más reaccionaria y, de paso, pegarle más de dos bocados al presidente del talante.

Nadie tendrá en cuenta a ZP cuando ponga punto y final a su etapa en la Moncloa. Bueno, en realidad ya nadie se toma en serio su opinión, pero desgraciadamente aún ejerce como presidente de España y en estos diez meses aún puede dañar mucho más la imagen internacional de nuestro país. Sin embargo, con la irresponsabilidad por bandera, le importa todo una higa y, de postre, gran parte de sus ministros jugando a las primarias. ¡Manda Haches (digo huevos)!









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