¿Para qué sirve el desempleo? Ramón Trujillo


 





¿Para qué sirve el desempleo? 


      Canarias es la segunda región de la Unión Europea con mayor tasa de desempleo y, a la vez, la comunidad autónoma con los salarios más bajos del Estado. Desempleo y bajos salarios son dos ingredientes del “milagro económico” canario que se refuerzan mutuamente: cuando nuestra sociedad crea empleos mal pagados, por una parte, reduce la demanda en la economía y, por otra, atrae a personas provenientes de sociedades en peor situación económica y, por lo tanto, persiste el elevado desempleo. Sin empleo de calidad, nunca habrá pleno empleo.

       Es interesante constatar que, entre 2000 y 2007, la población ocupada en Canarias creció en 241.590 personas. En ese período, si a los que nacieron restamos los fallecidos, tenemos que el crecimiento vegetativo fue de 57.400 personas (y el crecimiento real de 309.675 personas). El número de desempleados pasó de 104.290 a 106.700. Si bien la tasa de actividad pasó del 56% al 61% (y la de desempleo del 13.4% al 10.4%), estos datos muestran que, en Canarias, el desempleo no se acaba aunque se cree un número de empleos superior al de desempleados.

       Y ello es así porque muchos empleos no atraen a los desempleados debido a las malas condiciones que ofrecen. Ese empleo de mala calidad ejerce un “efecto llamada” sobre personas dispuestas a trabajar más por menos, a quienes algunos acusarán falsamente de provocar el desempleo. Incluso habrá quienes tengan la tentación de sustituir la lucha por las mejoras laborales por reproches, con tintes xenófobos, hacia una parte de la población trabajadora. Tal actitud tiende a debilitar el respeto por los derechos humanos, en general, y por los derechos laborales, en particular.

       La experiencia nos muestra que la necesaria creación de puestos de trabajo no basta para acabar con el desempleo sino que, además, los empleos creados tienen que ser de calidad. Esto es lo que no quieren entender nuestros responsables políticos.

       Hace ya años, el Documento Verde del Gobierno de Canarias decía que los canarios no van a trabajar a Fuerteventura “por las dificultades de vivienda y servicios sociales” y, además, por la “negativa a trabajar y vivir en su propia tierra en las ilegales condiciones laborales y de habitación a que se ven ocasionalmente forzados los inmigrantes”. Esas situaciones de ilegalidad se han visto favorecidas por el hecho de que tengamos un inspector de trabajo por cada 23.000 trabajadores, frente al promedio europeo de uno por cada 12.000.

       En septiembre de 2009, el director del Servicio Canario de Empleo declaró que “algo debe fallar para que más del 50% de personas que son llamadas para cubrir puestos de trabajo los rechacen”. Y añadía que “algo habrá que cambiar porque no puede haber un sistema en el que resulta más beneficioso estar en paro cobrando el subsidio que estar trabajando”. Si estar en paro fuera mejor, y dado que la tasa de reposición del subsidio equivale al 67% del salario anterior, es obvio que ello se debería a que al trabajador se le estaría ofreciendo un empleo mucho peor que el que tenía.

       Sin embargo, la interpretación del subsidio de desempleo como prebenda favorecedora del paro tiene más adeptos. Así, por ejemplo, el pasado mes de julio, el consejero canario de Empleo declaró, en relación a los puestos de trabajo ofrecidos por los cabildos, que de “cada tres undefined a los que se les ofrecía un empleo, dos lo rechazaban”. El consejero explicó que uno de los motivos de tal rechazo es que cobran más como desempleados que en los nuevos empleos. Y, por ello, pidió cambios legales para impedir a un desempleado rechazar un puesto de trabajo. La estrategia es obvia: si no podemos emplear a la gente, quizá podamos subemplearla.

       Mucha gente aguanta con los recursos familiares antes que aceptar un empleo en malas condiciones. Se prefiere seguir en el paro, antes que aceptar un puesto de trabajo que empeora la calidad de vida, en vez de mejorarla. Y así, el empleo de mala calidad provoca mucho desempleo y atrae a foráneos dispuestos a trabajar más por menos (en 2010, los inmigrantes cobraban la mitad que los españoles, 10.526 euros anuales).

       La estrategia actual es evidente: gracias al elevado desempleo se bajan los salarios y se deterioran los derechos laborales. Y esta estrategia se está aplicando a pesar de que, como decía a principios de febrero el presidente del Consejo Económico y Social, el trabajador canario es el que más horas dedica, el que menos cuesta y el que tiene la mayor tasa de temporalidad de la Unión Europea (UE).

       Por su parte, ante el panorama de desempleo del Archipiélago, el presidente de Canarias dice que los canarios deben tener prioridad para acceder a los puestos de trabajo creados en las islas. Sin embargo, sus políticas económicas favorecen el empleo de baja calidad y, por tal motivo, la persistencia del desempleo de muchos canarios. Si queremos absorber nuestro desempleo hay que abogar por la jornada laboral de 35 horas semanales, por una fiscalidad más justa que financie converger con la UE en gasto social y en empleo en bienestar, disponer del mismo porcentaje de inspectores laborales que la UE, reducir la economía sumergida a promedios europeos y apoyar una legislación que mejore la calidad del empleo. Sin embargo, el presidente canario rechaza estas medidas y se queja del desempleo, como si no tuviera nada que ver con sus políticas.